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Por los aires

¿Son las carreras de drones el deporte del futuro?

Ni fútbol, ni la F1, ni Fortnite: la competición que puede cambiar las reglas de cómo disfrutamos del deporte es la de las carreras de drones.

Un circuito de la Drone Racing League

DRL Un circuito de la Drone Racing League

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Decir que los esports son el futuro del deporte, como aseguran algunas voces dentro del sector, quizá sea ir demasiado lejos. Lo que sí está claro es que es una fusión interesante entre competición y tecnología, que sin embargo no acaba de llamar la atención de la gente que piensa que la parte "real" tiene demasiado poco peso. Pero hay una competición muy parecida donde la parte física es fundamental: las carreras de drones.

El último crossover de tecnología y deporte es un avance lógico dentro de la fiebre que se vive por los aparatos voladores. Seguro que tú mismo has probado alguna vez uno o hasta guardas debajo de la cama aquel que te regalaron cuando se pusieron de moda. Pero aunque muchos drones acumulen polvo en trasteros, la tecnología no ha parado de avanzar y hay drones flipantes rondando el firmamento. Incluso competiciones oficiales.

 

La más popular a nivel internacional es la Drone Racing League, o DRL, que organiza eventos por todo el mundo con éxito moderado al mismo tiempo que una espectacularidad innegable. Activos desde 2016, las finales del año pasado se celebraron en el estadio King Abdullah de Yidda (Arabia Saudí) donde 3.000 locos por esta especie de ovnis se juntaron para dejar volar su imaginación (y sus drones).

Igual que hay jugadores de esports que se ganan la vida con los videojuegos, en este área competitiva también hay pilotos profesionales. El primero del que se tiene noticia es Jordan 'Jet' Temkin, un estadounidense de 26 años que firmó un contrato de 100.000 dólares anuales y que lleva varias temporadas en lo más alto. En Instagram sube a menudo fotos de sus experiencias, pero la crema la tiene en su canal de YouTube, donde se gusta en montajes musicales que graba con drones.

 

Entre los seguidores más ilustres a esta disciplina deportiva hay gente de la talla de Will Smith, que tras una demostración en su casa de Miami se declaró fan absoluto.

Aunque se controlan con mandos que recuerdan a los de las consolas, los drones profesionales tienen muy poco de juguete. Se trata de pequeñas máquinas que rozan los 300 kilómetros por hora pesando menos de un kilo, lo que convierte a las carreras en un espectáculo comparable a la Fórmula 1, al menos en términos de velocidad.

 

Los escenarios de la competición son variados: desde curradísimos circuitos de luces y obstáculos a paisajes al aire libre donde el menor roce puede acabar con las esperanzas de victoria. Muy activos por redes sociales, tanto los aficionados al tema como las propias competiciones no paran de publicitar los avances y eventos que montan.

Y por muy raro que te parezca, no es ninguna locura pensar que en un tiempo estarás tan tranquilo en el sofá viendo alguna de estas retransmisiones. O, por qué no, hasta compitiendo. Todo es ponerse si te mola (y tienes la pasta que cuestan estos cacharros).

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