El K-pop, desde sus orígenes, es fantasía. Es color, ganas de vivir, de bailar, de compartir y de acercarse a la música de una manera muy innovadora y alegre. Y sin embargo en las últimas semanas se acumulan, entre lanzamientos y promociones normales, noticias trágicas en el mundo del entretenimiento coreano.

Da la casualidad de que en poco más de un mes hemos oído cómo varios artistas se han suicidado, han sido condenados o han muerto en extrañas circunstancias, algo que muy poco tiene que ver con los ideales de este género musical y que preocupa a los aficionados.

El rock'n roll, el pop o el R&B son géneros con muchas décadas a sus espaldas y ha sufrido bajas muy importantes de artistas que se han quitado la vida, pero ha sido en un espacio de tiempo más largo y quizá comprendemos mejor los motivos y el entorno que rodearon esos terribles acontecimientos. Porque, si hablamos de K-pop y Corea del Sur, ¿de dónde pueden venir los problemas que provocan estos desenlaces?

“El problema, si queremos catalogarlo como tal, es la búsqueda de la perfección”, nos cuenta Luis Z. García, representante de artistas K-pop y experto en la cultura coreana gracias a sus numerosos viajes a tierras asiáticas. “Se rigen bastante por conseguir ser los mejores en todos los aspectos (físico, personal, escolar, universitario, empresarial), lo que es un inconveniente si no logran conseguir esos niveles ya marcados por la sociedad”.

Y el origen de esta aparente competitividad viene desde la escuela: “El sistema educativo se rige por un sistema en el que solo los mejores estudiantes consiguen un buen expediente para entrar en las universidades más prestigiosas”, aclara Luis. “Allí sacar un ocho de nota media puede no ser suficiente”.

Esta exigencia también se da en las esferas artísticas, ya que las estrellas suelen tener unos cánones de belleza a veces inalcanzables y una observación por las costumbres que afecta especialmente a las mujeres. El ciberacoso y las críticas públicas a aquellas figuras que se salen de la norma están a la orden del día, como las que sufrió Sulli antes de quitarse la vida.

Para Manuel Gámez, doctor en Psicología y experto en temas de ciberacoso, hay que “darle un enfoque serio a esta cuestión. Tratar el suicido de forma sensacionalista o romántica puede conllevar un efecto negativo de imitación entre otros adolescentes”. Gámez señala que “la sobreexposición mediática, la ansiedad, los elevados niveles de exigencia y las posibles experiencias de acoso” son factores que pueden afectar mucho a los que lo sufren.

Las mujeres surcoreanas han mejorado las diferencias de género en los últimos años según el informe Global Gender Gap de 2018, y aun así está por debajo de la media en términos de igualdad respecto a países igual de desarrollados. Y hay quien ve en el K-pop un frente muy importante por la lucha de los derechos femeninos.

Sulli se había mostrado muy a favor de la legalización del aborto en su país (cosa que sucedió este año), publicó en redes un beso en los labios con una amiga suya y hasta se atrevió a hacer un stream en directo bebiendo alcohol y sin llevar sujetador debajo de la ropa. “Quería demostrar que no pasa nada”, dijo en una entrevista para televisión el pasado junio.

Por aquellas decisiones le cayó una tormenta de insultos y amenazas online, motivos que empeoraron su estado de ánimo. “Es posible que las críticas sean un ingrediente más de una tormenta perfecta”, nos explica Gámez. “En este sentido, el suicidio no suele tener una única causa, sino más bien son una serie de factores los que inciden en el posible resultado trágico”.

Que Corea del Sur sufre un problema social de enfermedades mentales es indudable. Según el Instituto Coreano de Prevención del Suicidio, 27 de cada 100.000 habitantes se quitaron la vida el año pasado, un número que dobla la media europea. Y los artistas, por su exposición mediática, experimentan las sensaciones de una manera más intensa, porque su trabajo consiste parcialmente en gustar al público.