1. Empieza siempre con los labios

Evita que lo primero que sienta la otra persona al acercar su boca sea la lengua. Aproxima tus labios, pero no esperes que el gesto sea responsabilidad exclusiva de quien lo recibe.

Pon de tu parte: comienza por besar suavemente el labio superior y haz lo mismo un tiempo después con el inferior. Siente su temperatura, su textura y disfruta del roce cariñoso. No importa si lo que sientes por la otra persona es amor, deseo o simplemente atracción; es un inicio perfectamente compatible con cualquiera de las tres sensaciones.

2. No es necesario batir récords de permanencia

Tómate el tiempo necesario para respirar entre beso y beso. Disfruta de su mirada, de su sonrisa y de su complicidad. No alargues cada beso durante tantos minutos que os llegue a doler la boca; no es cómodo ni necesario. Quien aprende a saborear esos dulces silencios jamás vuelve a renunciar a ellos.

3. Evita la “ametralladora” de piquitos

Hay quien se siente incómodo en el silencio e intenta rellenar esos recomendables espacios con tal cantidad de besos cortos, y tan seguidos, que te hace aborrecerlos. Un buen besador no los necesita: los utiliza con la frecuencia justa, precisamente cuando las sonrisas y las miradas invitan a recurrir a ellos.

4. Mide el uso de la lengua

Tómate tu tiempo antes de proceder a introducirla y asegúrate de que la otra persona se muestra receptiva y colaboradora. Procura que el movimiento de la lengua sea discreto, tierno y preciso.

No la introduzcas bruscamente hasta la garganta ni te quedes en un amago. Controla la producción de saliva, para reducir en la medida de lo posible esa sensación de humedad en la cara del otro.

5. Introduce elementos novedosos

Una vez te haya quedado claro cómo deben ser la aproximación, los movimientos y el uso de la

lengua, la originalidad sube nota. Cuando hablamos de elementos novedosos no nos referimos a ningún tipo de artilugio externo, ni a locuras con las que te arriesgas a causar rechazo. Basta con introducir cambios de ritmo y de velocidad, nunca demasiado bruscos, y con evitar repetir de manera casi automática una misma coreografía.

Cuando hayas puesto en práctica los 5 puntos, sáltatelos

Por supuesto, habrá momentos en que deberás saltarte todas estas normas: la confianza suele animar al desorden y a las incorrecciones, algo que tiene una magia innegable. No será en las primeras citas, cuando procuramos demostrar nuestras habilidades y nuestras virtudes, pero sí más adelante, cuando todo ese camino recorrido nos permita relajarnos y dejar que nuestros cuerpos y sensaciones sean los que manden.