Bad Bunny publicó el pasado 29 de febrero su nuevo disco 'YHLQMDLG', desafiando así las ‘leyes’ del mercado de la música, que establecen que los viernes son el día oficial para lanzar nuevos temas.

Y no sólo eso sino que cada una de las 20 canciones que lo componen se han subido a YouTube con vídeos que siguen una misma narrativa: un pequeño que juega en su habitación (con luces de neón, una cama con forma de coche de carreras y consolas de videojuegos) que lleva un pasamontañas blanco con orejas. Además, a lo largo de esta semana ha ido estrenando un nuevo videoclip cada día, también con ese mismo niño (que tiene tres ojos) como protagonista.

El ‘conejo malo’ está demostrando que ha cambiado y que la ruptura con su antigua discográfica ha hecho que vea su música de otra manera. A Benito, que es como se llama en realidad, no le importa lo que opine la gente, él quiere hacer lo que le pide el cuerpo con su música.

Cancela conciertos para apoyar las reivindicaciones políticas de su país, lucha por derribar los estereotipos de género vistiéndose con faldas o con otro tipo de prendas asociadas al género femenino, se pinta las uñas, defiende los derechos de las personas LGTB al denunciar en pleno prime time estadounidense el asesinato de una mujer trans…

 

¿Ha cambiado de verdad Bad Bunny o se trata sólo de postureo para llegar a más gente?

Este es el debate que se ha generado a raíz de la publicación del nuevo disco del cantante. ¿Se ha vuelto Bad Bunny feminista? Para comprobarlo debemos analizar con lupa sus letras.

En ‘Yo Hago Lo Que Me Da La Gana’ Benito tiene canciones amables como ‘Si veo a tu mamá’ o ‘Pero ya no’ que hablan de rupturas sanas; mientras que otras letras son más duras o explícitas donde el tratamiento de la mujer como un pedazo de carne y su sexualización son evidentes, como en el caso de canciones como ‘Safaera’,’La Santa’ o ‘Bichiyal’.

En muchas de las canciones del disco se repiten patrones propios del reggaeton (y que corresponden con masculinidades tóxicas): coches de lujo, sexo y drogas, es decir, todo tipo de ‘excesos’ asociados al poder y a la virilidad de los hombres. Algo que Taylor Swift ha criticado en el videoclip de 'The man'.

Hemos contactado con Octavio Salazar (catedrático de derecho constitucional y miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional conocido por sus trabajos sobre igualdad de género y nuevas masculinidades) para consultar el porcentaje de feminismo y machismo que puede encontrarse en estas letras. Como ejemplo le mostramos algunos versos de ‘Safaera’ donde Randy y Ñengo Flow cantan:

“Qué falta de respeto, mami

¿Cómo te atreve' a venir sin panty?

Hoy saliste puesta pa' mí

Yo que pensaba que venía a dormir, no

Vino ready ya, puesta pa' una cepillá'

Me chupa la lollipop, solita se arrodilla, hey

¿Cómo te atreve', mami, a venir sin panty?

(...)

Más puta que Betty Boop” .

Además, le hablamos de ‘Yo perreo sola’, una canción con pretensión de alegato feminista (“que ningún baboso se le pegue”, dice Bad Bunny”) pero que hace referencia a llevar una falda muy corta.

Octavio considera que para poder analizar el mensaje hay que tener en cuenta no sólo las letras sino también todo lo que acompaña a estas: el vídeo, qué imaginario adopta, de qué manera vemos al cantante (sus gestos, la ropa que escoge, la actitud…): “Yo creo que hoy un chico y una chica jóvenes no consumen solo una canción en sí, sino toda la representación audiovisual que la acompaña”.

En el caso del videoclip de ‘Yo perreo sola’, aparece el niño bailando en su habitación muy motivado con la canción mientras que en el de ‘Safaera’ aparece escuchando la canción de tranquis también su habitación. Para ambas canciones, Bad Bunny ha propuesto retos donde la gente tiene que compartir vídeos perreando.

Salazar opina que las letras, a las que considera ‘de mal gusto’, están llenas de mensajes contradictorios: “No sé si lo que este tipo pretende es adaptarse al mercado, en el que ahora puede interesar, para tener más relevancia y lanzar mensajes supuestamente feministas”.

Esta es la misma duda que se ha generado en redes sociales:

 

 

 

Octavio Salazar resalta que ningún tipo de música puede abanderarse de ser feminista: “Yo creo que no existe un único tipo de música que pueda merecer ese calificativo. Depende del mensaje que se quiera transmitir, del imaginario con el que se acompaña la música y de la misma actitud que pueda tener el que la interpreta. En el caso del reggaeton, es evidente que el más comercial y masivamente consumido deja mucho que desear desde el punto de vista de la igualdad. Pero no mucho más que determinados boleros o baladas que llevamos escuchando toda la vida sin inmutarnos”.

Para Salazar, autor de WeToo: Brújula para jóvenes feministas, el problema radica en la incidencia que pueda tener en la formación de los jóvenes: “todas y todos tenemos contradicciones y no podemos ser absolutamente puristas... Por eso puede ser, claro, que una chica con convicciones feministas disfrute bailando un reggaeton... Otra cosa es de qué manera puede incidir en sus imaginarios. Todas y todos formamos parte de un contexto, de una cultura muy machista, y todos los días nos dejamos llevar por expresiones que no son nada feministas”.

Por este mismo motivo, indica que “la clave es la conciencia que tengamos de que no lo son y hasta qué punto mantenemos una distancia crítica”.