Que una de las mayores influencers españolas cumpla 30 años significa que se va a montar un fiestón de los que no se olvidan. Fue el caso concreto de Aída Domenech, AKA Dulceida, que compartió con sus dos millones y medio de seguidores las imágenes de tan bonito aniversario en Ibiza.

Los cerca de cincuenta invitados eran gente de su entorno más cercano y claro, si te mueves en esos círculos instagrameros, lo más probable es que tus amigos se dediquen a lo mismo que tú. Son conocidos como la DulceSquad, y al parecer se lo pasaron en grande desde el momento que se reunieron en el aeropuerto (foto mediante).

El caso es que casi todos los presentes en el finde cumpleañero subieron fotos, posts y vídeos de hasta los más mínimos detalles. Supuestamente hubo hasta peleas entre personas de ideologías y estilos muuuuy diferentes, pero eso ya es otro tema. De lo que menos se ha hablado es de la forma de vivir experiencias que tienen algunas personas a través de sus teléfonos.

A ver, que es algo que hemos hecho todos. Eso de ir a un concierto y mirar al cantante a través de la pantalla, grabar una chorrada de tus colegas en vez de participar en ella... el caso es inmortalizar el momento de forma digital para luego compartirlo con otros amigos. Cuando, quizá, debería ser al revés.

 

Una de las stories que subió Pablo Castellano (coprotagonista de la pelea que decíamos antes y marido de María Pombo) muestra un momento de subidón entre los influencers de fiesta, en el que prácticamente todos están bailando mientras graban con sus teléfonos.

¿Es algo malo? Pues no, claro. Puede ser hasta divertido. El caso es que si cada vez que un grupo de colegas se viene arriba todos los integrantes sacan su teléfono para dejar constancia del 'yo estuve ahí', se pierde un poco la magia. Es decir: ¿no nos estamos pasando? ¿No sería mejor a veces dejar el móvil de lado?

Porque poniéndonos chungos a lo 'Black Mirror', esto podría ser el fin de las fiestas más molonas. Eso de la gente grabándose a sí misma en todo momento parece algo que se podría hacer en casa, o en sitios menos chulos. Total, el protagonista eres tú (o eso parece). ¿No crees que lo suyo es dejar esa mano libre y cogérsela a tu pareja de baile? Luego ya, si eso al terminar, os hacéis un selfie juntos, y así se te pasa el vicio digital.