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DE HIPPIE A 'CABARETERA'

Quién es Mademoiselle Madame, la nueva identidad de Sofía Ellar

La británica más madrileña se saca de la manga un exitoso giro de guion que ha redefinido a la artista que antes todo el mundo identificaba como hippie.

Sofía Ellar, en su metamorfosis a Mademoiselle Madame

Gtres Sofía Ellar, en su metamorfosis a Mademoiselle Madame

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La ilusión de Sofía Ellar para reinventarse como cantante no es un proceso nada sencillo. A la cabeza te pueden venir clásicos como Primal Scream que han querido dejar el rock por acordes más techno, o el reciente fenómeno de John Pollõn con un constante cambio de géneros, pero que ese trueque además de musical sea estético pocos lo consiguen con éxito.

Por eso quizá ha llamado la atención en las últimas horas el desvío que ha tomado la londinense de nacimiento y madrileña de adopción con Mademoiselle Madame, un giro dramático a su música, su actitud y hasta su pelo.

Anoche fue la presentación en pleno centro de la capital, muy cerca de donde ha grabado su último videoclip y tema. Lleva como nombre el resultado de esa metamorfosis que se vio por primera vez delante de las cámaras en el evento que Ibai y Rosalía presentaron hace cosa de una semana.

Ni el sorpresón del beso 'chafado' por el vasco eclipsó el comentadísimo look, que ha acabado confirmándose como algo muy premeditado. Así, el primer videoclip de Sofía como Mademoiselle presenta en sus primeros segundos cómo ha dejado atrás la identidad con la que todos la asociaban para abrazar ese aire de malota cabaretera con el que pretende seguir en la industria musical.

 

Callejones oscuros, encuentros furtivos, Ferraris semiclásicos -que no sabemos cómo han podido meter en Madrid Central sin llevarse un multón- y un ambiente de literal lujo para un reestreno como cantante que le ha salido redondo: no se ha parado de hablar de ella en más de 24 horas.

Ya suponíamos que algo grande tramaba cuando hizo un turno de preguntas y respuestas por un directo de Instagram en el que cabía cualquiera que se conectara, sin miedo a trolls o conexiones incómodas.

Porque el buenrollismo de guitarra frente a la hoguera en la playa se ha acabado: ahora manda ella, es la ama de sus seguidores y la dueña de su destino. Es por lo menos el mensaje que transmite, y no seremos nosotros quienes le llevemos la contraria, no sea que nos atice con un látigo de terciopelo...

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