Pocos fenómenos han puesto tan de acuerdo a los creadores de contenido como lo ha hecho Karmaland. Salvo contadísimas excepciones, los youtubers que más mueven en la plataforma son un grupo de colegas sin rencillas, y Minecraft parecía un lugar idóneo para desarrollar sus habilidades frente a la cámara.

Vegettalo empezó todo al resucitar la idea que tuvo hace años, y aunque desde el principio le acompañaron amigos como Fargan o WillyRex, a AuronPlay le costó un poco más unirse. “No sabía ni hacer ni un pico”, reconocía en un vídeo ayer, cuando es la herramienta mínima para moverse por el cuadriculado mundo.

Es hasta entrañable verle totalmente perdido, recogiendo objetos del suelo (“si me los llevo no molestaré a nadie, ¿verdad?”) o incluso poniendo la calidad de las texturas al mínimo. “Qué dolor ver los gráficos así”, dice en un momento de su análisis, tan afilado como cuando habla de los TikToks indios aunque él sea en esta ocasión el protagonista.

 

Tan inocente era al principio que seguía al pie de la letra los consejos de WillyRex (“Él sí sabe de la vida, no como vosotros que sois unos puercos”), cuando está demostrado que Willy es uno de los más traviesos del vecindario.

Mucho ha cambiado el paisaje de Karmaland desde que llegara por primera vez: “Vaya mierda de pueblo, ¡estaba vacío!”. Lo cual le trae a la memoria que dejó unas grutas su primer día en Minecraft buscando materiales, y deja momentáneamente la sesión remember para intentar encontrarlas. Y lo consigue, quedándose con ganas de más.

Por eso acabó la retransmisión con una promesa: “En el próximo episodio de Karmaland voy a acabar 20 minutos antes para seguir viendo los inicios”. Lo que cambian las cosas; Auron ha pasado de ser un escéptico de Minecraft a uno de los miembros más destacados de la comunidad. Y lo que le queda.