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TESTIMONIOS REALES

“Me da miedo volver a casa sola”: casos reales y formas de solucionarlo

Volver sola a casa puede convertirse en una auténtica pesadilla. Hemos hablado con un grupo de chicas para que nos cuenten todo lo que han tenido que soportar y experimentar al ir solas por la calle. Además, nos proponen formas para terminar con este tipo de acoso.

Una chica camina sola por la calle

Pexels Una chica camina sola por la calle

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No es una cuestión de sentirnos indefensas o en desventaja, es una cuestión de poder hacer algo tan simple como pasear tranquilas, ya sea de día de día o de noche, sin que nadie nos increpe.

‘La noche es oscura y alberga horrores’ eso es algo que todos sabemos. El presunto peligro está ahí para todos seas hombre o mujer. Sin embargo, las mujeres tenemos que aguantar ciertos comportamientos que serían impensables que les sucedieran a los hombres. Se suele seguir un patrón: mujer (o grupo de mujeres) que camina sola por la calle, de noche y, normalmente, volviendo de fiesta.

Le hemos preguntado a un grupo de chicas que rondan los veinte años para que nos cuenten sus propias experiencias:

Teresa R. comenta que iba de camino a casa del que por entonces era su novio cuando se dio cuenta de que había un hombre simulando que abría el portal de un edificio: "cuando pasé por su lado me empezó a seguir. Tuve que llamar a mi novio para que viniera a por mi”.

En casos como estos se suele buscar ayuda. Rosario M. y sus amigas notaron que un hombre las estaba siguiendo a la salida de la discoteca, pararon a un grupo de chicos que iban delante para ver si podían unirse a ellos y librarse del hombre que las seguía: “nos contestaron riéndose que a ver si ellos iban a ser peores. Se fueron dejándonos allí y llamamos a un taxi para que fuera a buscarnos pero nos dijo que teníamos que volver a la discoteca”.

Esto no es algo que solo pasa en España. Lucía G. se encontraba en Reino Unido cuando iba caminando sola por la noche y un grupo de unos cinco chicos comenzó a gritarle. Se cambiaron a su misma acera para alcanzarla y dice que en cuanto dobló una esquina echó a correr.

No siempre tiene que ser así, de noche. También pasa de día o de camino al trabajo. Adriana L. comenta que nunca ha “tenido malas experiencias pero es verdad que cuando vuelves sola vas con miedo. Llamo a mis amigas o ando muy deprisa porque tengo la sensación que me va a pasar algo. Ando deprisa y miro hacia atrás incluso cuando entro a trabajar a las 7 de la mañana”.

Dos chicas caminando solas por la calle de día | Pille Kirsi from Pexels

Maria A. también suele reaccionar de esa manera: “siempre que vuelvo sola a casa me pongo la música a tope para no oír nada y camino rápido por miedo. Incluso alguna vez corro porque veo un hombre sospechoso”.

Lucía G. para sentirse más segura en este tipo de situaciones como la que vivió en Reino Unido, suele llevar las llaves de casa en la mano: “Como llavero tengo una varita de Harry Potter y me aferro a ella por si tengo que usarla en defensa propia”.

Jacinta P. relata que ha sufrido “silbidos, gritos, intentos de tocamientos, persecuciones… aunque fueran solo para asustar. Aunque no sé qué es peor: que lo quisieran hacer de verdad o que fuera divertido meter miedo”.

Hay quienes piensan que reaccionar de esta forma es irracional e infundada, algo que a Maria A. le parece inaceptable: “actúo así porque han habido casos y siguen habiéndolos, por eso tengo miedo. Que dejen de haber casos es la única solución de dejar de tener miedo”.

¿Y cómo podemos dejar de tener miedo? Para Adriana L. “el problema no es que nosotras tengamos que dejar de tener miedo, es que los hombres tienen que dejar de acosarnos”.

Jacinta P. coincide con Teresa R. y opina que “la base está en la educación, en la concienciación de que esto pasa y puede llegar a crear miedos y bloqueos muy serios, y en la autodefensa; nos da miedo actuar ante esas situaciones en vez de empoderarnos y avergonzar al acosador”.

Mientras que para Rosario M. y Lucía G. la clave de la cuestión es la igualdad. Esta última considera que: “A lo mejor la solución está en dejar de repetirnos a nosotras desde pequeñas que 'tengamos cuidado al volver por la noche' y decirles a ellos que 'las mujeres no son objetos sexuales, si no personas”.

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