Sabíamos de las reservas que tienen algunas webs y redes sociales a la hora de mostrar determinados contenidos: en las últimas semanas hemos visto ejemplos que nos parecieron ridículos, y precisamente Instagram tiene una larga historia de censura cuestionable. Pero el punto al que hemos llegado hoy parece demasiado.

Nos ponemos en situación: Richard Barreira, un usuario de Instagram residente en Galicia, se acercó el pasado domingo a casa de su madre para disfrutar de un cocido tradicional. Como haría cualquier buen instagramer, subió una foto del suculento plato a la red. Entre varios likes de sus conocidos encontró una notificación muy inesperada: los moderadores de Instagram habían retirado su publicación.

¿La razón? Richard la explicaba muy clara en el siguiente post que subió: "Aunque parezca mentira, los censores de Instagram me eliminaron la publicación de hoy por infringir sus normas comunitarias que incluyen violencia gráfica, lenguaje que incita al acoso o desnudos y actividad sexual".

"¡Que son fotos de un cocido!" añadía indignado, en lo que nos parece que ha sido la primera vez que un plato tradicional protagonizaba una polémica como esta. Porque vamos a ver, ¿nos hemos vuelto locos? ¿Dónde está la violencia en un cocido? ¿Cómo puede incitar al acoso? Si me dijeras que puedes sufrir las consecuencias de una digestión pesada... (tú ya me entiendes).

No se sabe si la publicación fue retirada por la denuncia un envidioso o por un moderador que malinterpretó las imágenes, pero Richard pudo subir la foto original de su comida apenas unas horas después y ya nadie dijo nada. Lo máximo que puede generar una foto como esa es apetito, por lo que el autor pidió a varias organizaciones gallegas que "tomen medidas contra este atropello a nuestra cultura gastronómica". Y después, quizá se zampó otro cocido.