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El Borixit: El alcoholismo ya no es el pegamento que une a los británicos

Esta Inglaterra que destituye a Johnson por borracho no la reconozco, Churchill ganó unas elecciones con su lema "Jamás bebo antes del desayuno".

Boris Johnson bebiéndose una pinta en un bar

Getty Images Boris Johnson bebiéndose una pinta en un bar

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Inglaterra ya no es lo que era, desde que los ingleses pueblo decidieron que los iinmigrantes polacos y pakistanís que fregaban platos en restaurantes de mala muerte por el salario mínimo, les estaba robando el trabajo, no hay quien la reconozca. El la Inglaterra que yo creía conocer, si un primer ministro se salta un confinamiento en mitad de una pandemia para mamarse con los amigos, al día siguiente está arrodillado delante de la reina con una espada en el hombro recibiendo el título de Sir de la Gran Bretaña. El país que inventó los pubs, el turismo de borrachera y el balconing, está irreconocible.

La decadencia se viene percibiendo desde hace tiempo, al menos de que un protohippie llamado Mahatma Gandhi decidió que la India debía ser independiente y comenzó el principio del fin del imperio británico. El comeflores acabó asesinado de un disparo, algo que parecía previsible cuando pasó los últimos 30 años de su vida con un punto rojo en la frente. Estaba claro que lo estaba apuntando un francotirador. Pero su misión se llevó a cabo y sin India, la joya de la corona, la grandeza del imperio desapareció. En los tiempos gloriosos del imperio, Winston Churchill, el político más valorado de su historia, ganó unas elecciones por mayoría absoluta y una guerra mundial con su lema “Jamás bebo antes del desayuno”.

Los británicos fueron admirados por el mundo por lo que les definía: un alcoholismo agudo y socialmente aceptado que funcionaba como pegamento de la nación. Si surgían rencillas políticas, después de 12 pintas nadie se acordaba. Si un amigo traicionaba a otro acostándose con su esposa, los dos volvían de madrugada de rodillas y con los pantalones meados. Esa es la Gran Bretaña que provocó la admiración de todo el mundo: la que hizo que la UEFA prohibiese el alcohol en los estadios, esa en la que el Príncipe Harry fue fotografiado en una fiesta disfrazado de nazi ingiriendo alcohol por los ojos (eyeballing). Esa Inglaterra ya no existe, la postmodernidad nos está robando la gloria.

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