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@BECARIA_

No culpes al karma de que seas tonto

Becaria reflexiona sobre la fina linea entre creer en el karma y ser tonto.

Velas con forma de ying yang

Pixabay Velas con forma de ying yang

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El karma es una invención oriental, como tantas otras, que sostiene que recibimos en la vida lo que hacemos, pensamos y decimos. En el raciocinio kármico, hay quien dice que si, por ejemplo, te estampas con la bicicleta contra un poste de la luz después de discutir con tu jefe por alguna injusticia laboral, es tu merecido por escupir la mano de quien te da de comer. Acción y reacción, falta de razón y conspiración.

Esta creencia kármica va de la mano con otras creencias esotéricas de todo pelaje: la reencarnación; la aromaterapia; el tarot; el reiki; las flores de Bach; el mal de ojo; la cromoterapia; las constelaciones familiares; el cristianismo, aunque no peguen ni con cola fuerte; y la homeopatía. Todas tiene en común que no hay por dónde cogerlas. Aunque el delirio del karma va más allá y, según su definición, condiciona lo que te pase a los actos realizados por los seres que has sido en otras vidas antes de tu reencarnación, el uso que se le da en Occidente es el de echarte a ti la culpa por todo lo malo que te pase. Cuando pasa algo bueno, se le suele llamar "suerte". Desde luego, toda esta pantomima del karma, es de tontos.

"Algo malo harías"

La ingenuidad de creer en el karma no está exenta de maldad. Esta idea va en paralelo con la autoayuda y la psicología positiva, las cuales dicen que si no consigues lo que deseas, es que no te has esforzado lo suficiente; no te has levantado con el pie derecho; no has dado las gracias en la mesa mientras desayunabas o no has sonreído al lunes con la boca lo suficientemente abierta. Si te pasa algo malo, será el merecido por una mala acción o pensamiento, porque para qué se va a pensar que ha podido ser por un error, una mala decisión, una desgracia fuera de tu alcance o que, simplemente, la vida a veces es muy perra.

La fina línea entre creer en el karma y ser tonto

Comenta una persona en un foro kármico: «Un experimento: salí a la calle y cuando vi venir a un individuo, pensé "qué idiota se ve ese mendigo mugroso". La reacción de ese hombre fue de mala cara contra mí, "me va a golpear". De la siguiente persona que venía frente a mí, pensé "qué persona tan agradable" y mandé buenos pensamientos; esa persona me saludó con una sonrisa muy agradable. Cualquiera puede hacer este experimento». Luis, científico urbano, deja en evidencia la montaña rusa neuronal de quienes sostienen estas creencias.

El karma y las catástrofes: bofetón a mano abierta

¿Que mueres en un accidente de avión? ¿Que te violan en un callejón? ¿Que tu ex pareja mata a tus hijos? ¿Que te toca refugiarte de una guerra en tu país? La respuesta siempre es: "Algo malo harías en esta u otra vida", y se quedan tan pachos. Una persona en sus cabales se compunge ante la desgracia, pero los puristas kármicos achacan el vivir una catástrofe a haber obrado mal en otras vidas, partiendo de su fe en la reencarnación y

en que las personas van heredando las consecuencias por las buenas y malas acciones realizadas. No hay bofetón imaginario a mano abierta que contrarreste este delirio. ¿Que no te gusta lo que has leído? Algo malo habrás hecho para haber caído.

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