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La epidemia de las bodas

Entramos en la temporada de bodas, bautizos y comuniones de la que Becaria no es demasiado fan.

La epidemia de las bodas

La epidemia de las bodas Pixabay

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La peste que nunca cesa. Entramos en temporada de bodas, bautizos y comuniones, las ceremonias habituales en las que mucha gente juega a comportarse como si fueran burgueses, vistiendo atuendos elegantes a la par que horteras, propios de la época victoriana, y con mucho dinero bajo manga prestado por el banco. La tiranía del aparentar a plazo fijo.

Centrándonos en las bodas, lo cierto es que hay pocos suplicios más grandes, tanto para los protagonistas como para los invitados, pero a quienes se casan les compensa. En muchas ocasiones, las parejas te invitan por el negocio que supone que les des un regalo y dinero para pagar tu comida más una propina, que acaban reinvirtiendo en un viaje caro donde Jesucristo perdió la zapatilla. Y, para colmo, el problema lo tienes tú comiéndote la cabeza para inventar una excusa para no ir y que no parezca mal ante unas personas que buscan sangrarte para su beneficio. ¡Trabajad como los demás! La alegría del santo matrimonio no suele durar más allá de quince días.

Como dijo hace tiempo una prestigiosa filósofa existencialista de Twitter, "vaya coñazo tiene que ser la vida de alguien para que el día de su boda sea el mejor de su existencia".

Dinero fresco y regalos para la saca

Como muchos reconocen tras el divorcio y después de hacer el ridículo en una ceremonia pija en un casoplón de dos siglos y con unos neones gigantes en el jardín, en los que se puede leer "LOVE"; "que nos quiten lo bailao", que ni por asomo se plantean devolver el dinero por la pantomima montada engañando a sus familiares, amigos y gente que no conocen de nada, pero bienvenidos todos siempre y cuando suelten la plata. Que luego los regalos irán a Wallapop por la mitad de su valor y negocio en B redondo.

Gente insoportable de punta en blanco

Es común en las bodas encontrarte con familiares lejanos o gentes conocidas que te importan un pimiento, hechas unos pinceles, y lo mejor es cuando los novios, que siempre parecieron Macario y Doña Rogelia, aparecen en un coche de alquiler caro de punta en blanco. Te preguntas qué haces tú en ese sarao de esas personas que no soportas, en un juego absurdo de a ver quién está más guapo, por el precio de irte unos días de vacaciones a tu bola a cualquier parte de Europa sin contenerte en gastos, vistiendo unos vaqueros y sin unos incómodos zapatos.

Música de fiesta de verano a precio de Bruce Springsteen en reventa

Tanto postureo de boda acaba dejando en evidencia el pastel de la cutrez ceremonial con un grupo de música cantando grandes éxitos del verano como "La mayonesa, bate que bate, el chocolate", cualquier basura de moda de Eurovisión o "Paquito El Chocolatero". Como en Asturias se le suele llamar, "fiesta de prau", y cualquier masacre auditiva vale. Que si es gratis, para pasar el rato vale, pero no dejándote cientos de euros en los novios, en tu ropa, en la peluquería y en la plaza de parking, como si fueras a un concierto de Bruce Springsteen con una entrada especulativa de la reventa.

Hay que abolir las bodas, el amor interesado, el postureo hortera y a los novios caraduras.

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