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@BECARIA_

Gente de 40 años que no sabe usar el ordenador

Becaria escribe sobre cuarentones que no saben encender el oprdenador y la culpa es del Universo.

Mujer usando un ordenador

Mujer usando un ordenador Pixabay

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Existen personas que gozan de la edad de cuarenta años que no saben hacer gestiones informáticas básicas y culpan a la vida de no querer ser capaces de usar un ordenador. Las reconocerás porque llaman "nuevas tecnologías" a lo que está ahí al alcance del usuario desde finales del siglo pasado: pantallas con teclados e Internet, y a la mínima montan en cólera porque quieren que se lo den todo hecho dada su desgana al ponerse a ello.

Traigo esta sesuda reflexión a raíz de haber visto a una modelo, cantante o actriz, Blanca Romero creo que se llama, quejarse porque a sus churumbeles les mandan hacer deberes en el ordenador en casa después de su horario escolar y, desde su posición de madre, para ella es una gestión complicada. Ya sabemos que abrir enlaces y usar contraseñas en 2021 es una cosa de informática avanzadísima de toda la vida de Dios, a ver si por favor vuelven las fotocopias ilegales y las pizarras con tiza blanca y borrador. Pero estas madres y padres llorones sin dificultades para acceder a la tecnología y al conocimiento, tienen muy poca paciencia a la hora de entrar en las plataformas del colegio de sus hijos, que con mayor o menor complejidad desarrollan unos informáticos compinchados con Satanás. Luego bien que compran en Amazon, piden hamburguesas por Glovo, se envían limosnas por Bizum entre colegas o sacan entradas para sacrificios sonoros de Nacho Canas en una pirámide maya. La historia es quejarse si al dar en un botón de algo tan aburrido como el colegio de las criaturas, no funciona a la primera. «Hay padres que dejan a los niños en el colegio a las 9:00, los recogen a las 14:00, y quieren que en el cole lo tengan ya todo hecho y no tener que preocuparse por nada más», me comenta Ignacio de 42 años de Toledo, padre de dos chavales preadolescentes.

Hablando de inutilidades, esta zanganería se extiende al ámbito laboral para toda la vida. Me resulta inolvidable en mis más precarios tiempos de becaria cuando tenía a una compañera peinando las canas de los cuarenta, que estando contratada a jornada completa me enviaba imágenes de dos megabytes por la página de We Transfer, porque alguien le dijo que había que enviar por ahí los "archivos grandes". Todas las personas tenemos derecho a hacer el torpe alguna vez en la vida y en el trabajo, pero a mí, sin cobrar nada, me tocó explicarle gratis a aquella trabajadora mileurista cómo funcionaba la maniobra, y siguió haciéndolo mal porque ya se había acostumbrado a usar aquello.

La cuestión es que esas operaciones como mirar el correo electrónico, pinchar enlaces, identificarse en sitios o enviar un pdf al profesor, son ahora a Internet lo que antes fueron a las comunicaciones las señales de humo, la carta postal o el palomo cojo mensajero, que desde hace años en Youtube te explican hasta cómo abrir la puerta de un armario. Venga, hombre, mujer, ánimo con esos botones.

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