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ARTISTA URBANO

Adiós a Little Kinki: las redes despiden al rapero asesinado con solo 18 años

El joven músico, que también convivía con el síndrome de Asperger, murió por una brutal agresión que todavía sigue investigándose.

Isaac López, alias 'Little Kinki'

@Little Kinki / YouTube Isaac López, alias 'Little Kinki'

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Todavía sonaban los siniestros ecos del crimen de Samuel cuando otro asesinato consternaba a la sociedad. Fue el pasado miércoles en un barrio madrileño cuando unos desalmados acabaron con la vida de Isaac López, un joven de 18 años que estaba comenzando en el mundo de la música.

Bajo el seudónimo de Little Kinki, su pasión por el rap era mucho más que una simple afición: había firmado un contrato con la discográfica Colectivo Urbano Récords, y empezaba a sonar su nombre en círculos musicales de ese género.

La repulsa por el crimen ha sido unánime en redes, donde también han salido testimonios de cómo era Isaac en la intimidad, sobre todo por parte de otros freestylers que también están empezando en esa escena musical.

Los comentarios se han acumulado en la última publicación que hizo Little Kinki en Instagram, el mismo día que moría apuñalado en un túnel. Le recuerdan como tranquilo, amigable, deportista, muy simpático... "ni siquiera bebía alcohol", dice otro.

Padecer síndrome de Asperger no le había impedido mezclarse con total normalidad en su círculo de amigos, que han preparado varios homenajes y alguno de ellos previsto para llevarse a cabo hoy mismo.

 

Todavía se pueden encontrar algunas de sus canciones tanto en YouTube como en Spotify, donde ya contaba con varios miles de seguidores. Todavía muy pequeño, sí, pero con un futuro que le han arrebatado de la peor de las maneras.

Los allegados aseguran que no pertenecía a ninguna banda y que su actitud era siempre pacífica. Por su parte, las autoridades mantienen la investigación abierta para esclarecer los motivos del asesinato, y según afirman varios medios la policía estaría cerrando el cerco sobre los culpables.

En cualquier caso, un triste final para alguien que estaba dando sus primeros pasos tanto en el mundo de la música como en la vida, que al menos se ha traducido en un sentimiento generalizado de repulsa contra la violencia. Ojalá Little Kinki hubiera podido dedicarle una canción al tema.

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