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La manzana del paraíso era un higo y lo demuestro

Diostuitero desmiente la historia de la manzana de Adan y Eva, desvela que se trataba de un higo en realidad y cuanta la increíble historia de esta confusión.

Expulsion del paraíso de Miguel Ángel

Expulsion del paraíso de Miguel Ángel Wikipedia / Dominio Público

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Muchísimas cosas que damos por sentadas en cuanto a la religión se refiere son falsas, producto de una invención, una deficiente traducción o interpretación o cualquier otro tipo de malentendido más o menos interesado.

Si cogemos la Biblia, por ejemplo, ya desde el comienzo, el Génesis, empiezan los problemas.

Todos creemos que el fruto que comieron Adán y Eva y por el que todavía hoy somos castigados ( hay que ver qué rencorosillo es Dios) era una manzana.

Pues bien, era un higo. Todo proviene de un error. Cuando San Jerónimo tradujo en el siglo IV la Biblia al latín, al hablar del árbol del bien y del mal usó la palabra latina "malum", que significa tanto "mal" como "manzana". Y a partir de ahí, manzana quedó, puesto que en la antigüedad esta famosa fruta había sido protagonista de muchos mitos y leyendas.

Por ejemplo, el de la manzana de Paris, según el cual, Eris, la diosa de la discordia, molesta por no haber sido invitada, se presenta en la boda de Peleo, y deja una manzana dorada con la frase "para la más bella". Tres de las diosas presentes, Hera, Atenea y Afrodita se pelean por ella, por lo que Zeus escoge como juez para dirimir la disputa al príncipe pastor de Troya, Paris.

O las célebres manzanas de las Hespérides, que otorgaban la inmortalidad a quien comía de ellas.

Pues bien, cuando San Jerónimo hizo su traducción, el público ya estaba hecho a las manzanas. ¡Pero era un higo!

Las pruebas: la propia Biblia cuenta que nada más comer, al verse desnudos, se taparon con "hojas de higuera", que era lo que tenían más a mano.

Además, en la zona de donde proceden los redactores de la Biblia son comunes las higueras, y no los manzanos. En el Nuevo Testamento vemos un episodio del mismísimo Jesús con una higuera, a la que maldice por no darle frutos ( rencorosillo como su padre).

El propio Miguel Ángel, que no era tonto, pintó en la Capilla Sixtina a Adán y Eva tomando un higo ( y a Adán ofreciéndoselo a Eva, y no al revés, como siempre se representa).

Miguel Ángel no fue el único que optó por interpretar que el árbol del pecado original era una higuera. Todavía perduran algunos ejemplos tan remotos en el tiempo como el de la Cripta del Pecado Original de Matera, del siglo IX, considerada, curiosamente, como la Capilla Sixtina del arte rupestre. La gruta, repleta de pinturas religiosas, reproduce este frutal, a un Adán y Eva que comen higos y cómo ocultan su sexo bajo las hojas de este árbol.

Así que ya sabéis, dejad de estar en la higuera con este asunto. Era un higo y no una manzana.

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