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La monja de clausura y el fraile que se enamoraron y abandonaron todo para casarse

Diostuitero nos cuenta la sorprendente historia de la hermana Mary Elizabeth y el fraile Robert que colgaron los habitos para estar juntos.

Foto de archivo de una monja

Foto de archivo de una monja Mikhail Nilov / Pexels

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Dios es amor, y el amor es Dios. Así que no ha de extrañarnos que más de una vez empleados míos cuelguen los hábitos porque otro Dios, Cupido, les llama por su camino.

A veces pienso si no es competencia desleal, pero bueno.

Uno de los casos más llamativos es el de la hermana Mary Elizabeth y el fraile Robert, dada la dificultad del asunto, pues ella era monja de clausura.

Pero el amor no tiene barreras. Veinticuatro años después de convertirse en monja, el roce con una de las mangas de un fraile en el salón del convento en Preston, cambiaría su vida.

El fraile Robert se encontraba de visita procedente del convento carmelita de Oxford, y la priora había pedido a la hermana Mary Elizabeth que le acompañara a preguntarle si le apetecía algo de comer.

Estaban los tres charlando, cuando una llamada telefónica que la superiora tuvo que atender la hizo apartarse en ese momento, con lo cual quedaron solos.

"Fue nuestra primera vez en una habitación juntos. Nos sentamos en una mesa mientras él comía. La priora no volvió, así que tuve que conducirlo a la salida".

Cuando Mary Elizabeth dejó salir a Robert por la puerta, le rozó su manga y dice que sintió una especie de sacudida.

"Sentí una química allí, algo, y estaba un poco avergonzada. Y pensé, Dios, él también sintió eso. Y cuando lo dejé salir por la puerta, fue bastante incómodo".

Y en efecto, el fraile Robert también sintió lo mismo, incluso más, porque a la semana siguiente Mary Elizabeth recibió una carta de Robert ¡pidiéndole matrimonio!

"Estaba un poco sorprendida. Llevaba un velo, por lo que nunca vio el color de mi cabello. Realmente no sabía nada sobre mí, nada sobre mi educación. Ni siquiera sabía cuál era mi nombre no religioso", recuerda Mary.

Nuestra monja enamorada no sabía qué hacer. Puede que él no supiera nada de ella, pero ella sabía un poco de él.

En sus visitas desde Oxford al centro de retiro Carmelita de Preston, había ido de vez en cuando a dar la misa en el monasterio cercano y Lisa había escuchado y visto sus sermones detrás de una reja.

Al escuchar sus anécdotas mientras predicaba, obtuvo fragmentos de una vida que creció en Silesia, Polonia, cerca de la frontera con Alemania, y de su amor por las montañas.

Admite que en ese momento no sintió que tuviera un impacto profundo en ella. Pero, tras el encuentro, eso había cambiado.

Así que un día se armó de valor y le contó lo que le estaba pasando a la superiora.

"La priora fue un poco brusca conmigo, así que metí mis pantalones y un cepillo de dientes en una bolsa, salí, y nunca volví como la hermana Mary Elizabeth", cuenta Lisa.

Es más, Robert le había dicho que esa noche visitaría de nuevo Preston para pedirle consejo a un amigo carmelita.

Mary se dirigió al pub Black Bull, donde su intuición le decía que podría encontrarlos. Y en efecto, cuando la monja apareció por la puerta, el corazón del fraile Robert, tal y como el confesó, "se detuvo".

Y comenzó su preciosa historia juntos. Se casaron, y ahora comparten una casa en el pueblo de Hutton Rudby, en North Yorkshire, donde Robert ha sido nombrado vicario de la iglesia local y Lisa trabaja como capellana.

Y fueron felices y bendicieron perdices.

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