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La pandemia de la Navidad

Becaria escribe sobre la Navidad, las cenas de empresa, los antivacunas en la familia y más.

Cena de empresa

Pexels.com Cena de empresa

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La Navidad ya está ahí y, con la vuelta a la pseudonormalidad, se va a parecer un poco más a las fiestas de siempre, aunque con sus diferencias y asperezas difíciles de limar. ¿Cómo esquivamos ahora las cenas de empresa? ¿Cómo podemos evitar a los cuñados en Nochebuena? ¿Dónde metemos a los antivacunas de la familia? ¿Cómo podemos usar el "pasaporte covid" para fastidiar a los antivacunas? Estamos a tiempo para pensarlo y pasar unas navidades libres de contagios y, sobre todo, molestar lo máximo posible con la cabeza tranquila.

La cena de empresa

O comida, da igual. Ahora que, a pesar de que hay una nueva variante del Covid-19 con nombre de fin de la humanidad, la Ómicron, y que no paran de darnos información apocalíptica digna de precuela del libro de los muertos, el Necronomicón, hay un boom de la vuelta al fritanga totalmente innecesario con la gente de la empresa, ¡con lo bien que hemos estado sin compartir mesa en el último año! Para estos casos, no hay nada mejor que adoptar una postura lo más hipocondríaca posible y declinar la invitación usando como justificación el tumulto y el riesgo de compartir espacio cerrado con tanta gente, entre ella, tu compañera la terraplanista que ni se vacuna y dice que la nieve de Filomena fue de plástico, en un restaurante o sidrería que ni tiene la puerta abierta ni medidor de dióxido de carbono. Hay que huir como sea de esta peste.

Antivacunas en la familia

Estos especímenes de la familia, por mucho lazo de sangre que tengamos con ellos, su único fin es no invitarlos a casa o dejarlos apartados en el rellano de la escalera y con la ventana abierta. ¡Son potencialmente contagiadores! Los vacunados también, pero ellos más. Es lo que hay. Si ya era insufrible aguantar a los cuñados con absurdeces de toda índole en estas cenas, lo que no vamos a tolerar es ponernos en riesgo con plandemias, negacionistas y antivacunas que dicen que este antídoto lleva grafeno y microchips, que se te quedan pegadas las cucharas, y que vacunándote te pueden localizar por bluetooth, porque lo han leído o visto en un grupo de Telegram o Youtube, o en un chat de médicos tarados por la verdad. Con este sistema de rechazo a los apestados, perdemos un familiar, pero ganamos en salud.

Los regalos en Navidad

Para esto no hay pandemia que valga; mascarillas FFP3 para todo el mundo y despiporre de regalos sin clasismos pandémicos. ¿Qué hacemos con los niños? Vacunarlos lo antes posibles para evitar más riesgos innecesarios. ¿Quién dijo "desabastecimiento"? No faltará ningún paquete ante la troleada que nos han metido, sobre todo a tu cuñado el que todos los años se disfraza de Papá Noel, el negacionista de los virus y la ciencia, que lleva cucú desde la primera ola, y este año se hizo en septiembre con todos los regalos y el kit preparacionista del apagón imaginario de 2025. Sin olvidar que lleva usando el papel higiénico que compró a toneladas en marzo del 2020.

Retincencias al pasaporte covid

Un buen invento para tocar los cojones, con perdón. Quizás pueda funcionar para evitar la vuelta a casa de un hijo, hermana o cuñado antivacunas por Navidad, además de pedirle una PCR y test rápido para asegurar que no llevan la peste a casa, porque primará el sentimiento de rechazo por encima de molestarse en hacer un pasaporte con el Photoshop para engañar a un familiar que se toma muy en serio la pandemia. Lo peor que puede pasar es que decida vacunarse para poder asistir a todo y toque aguantar al familiar en cuestión igualmente, como ya hemos visto en colas kilométricas de antivacunas, iluminados comeflores, bebelejías y otros plandemias para no ser unos apestados y poder ir a restaurantes, locales de intercambio de parejas, saunas, locales sado, a misa y viajar, qué le vamos a hacer. Pero este asunto de pedir el "pasaporte covid" en los bares y gimnasios del barrio no deja de ser una pantomima de postureo, porque entre que quien no quiera vacunarse por pleno convencimiento lo va a falsificar igual que se falsifican documentos legales más importantes, y que los locales de hostelería, gimnasios y otros antros de cotillón de Nochevieja solo les interesa hacer caja, no se van a preocupar por la legalidad de lo que los clientes les muestran, igual que hacemos los españoles menores de 21 años en Estados Unidos con un DNI fotocopiado para entrar en bares y poder tomar alcohol como las personas mayores. Pero, a pesar de todo, menudas colas para vacunaros, llorones.

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