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Sugar daddy: el viejo con dinero de toda la vida

Becaria analiza el fenómeno de los sugar daddy con ejemplos de algunos famosos que encajan en este perfil.

Hugh Hefner, el fundador de Playboy

EFE Hugh Hefner, el fundador de Playboy

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Lo que antaño era irte con un hombre de cierta edad con dinero al borde de la expiración, ahora se le llama "sugar daddy" para darle un cierto aire de sofisticación. El sugar daddy se representa como un señor atractivo y elegante, con pelazo, canas y bronceado de lámpara, pero si tiene dinero, cualquier pelaje vale. Tener muchos billetes es el único requisito indispensable; un maduro atractivo sin pasta, no sirve para nada.

La esencia de una relación con un tipo que encaje en esta denominación es la diferencia de edad y el interés por su dinero. Un señor de 35 años, a las puertas de la madurez, puede ser considerado como tal si su situación financiera escucha la conversación y la mujer es, hablando de relaciones heterosexuales, como mínimo, diez años menor.

El famoso escritor Camilo José Cela ha pasado a la historia como un sugar daddy patrio. Él, quien llegó a afirmar en un programa de televisión que era capaz de absorber un litro y medio de agua por vía anal, vivió hasta el final de sus días con Marina Castaño, con quien mantuvo este tipo de relación de amor y conveniencia con cuarenta años de diferencia hasta que expiró y fue ella quien absorbió su herencia. No era guapo ni elegante, ni tenía el atractivo de la piel quemada por los rayos UVA, pero tenía mucho dinero.

Quien sí encajó mejor en el arquetipo superficial y económico de sugar daddy fue Hugh Hefner, el magnate de Playboy, que murió con su pelo blanco de plata y en bata. Todo el mundo sabe que fue un viejo chocho multimillonario, pasado de rosca y consumidor de sustancias recreativas que reclutaba a mujeres jóvenes, guapas y esculturales en su mansión para ir usando cuando se le antojaba, y que ellas aceptaban a cambio de estatus social y piscinas de dólares.

Para establecer relaciones con sugar daddies desde el sofá de casa existen aplicaciones exclusivas de dating con viejos, pero Instagram y Tinder Premium se venden como buenas opciones para este propósito con la casilla de búsqueda desde los 30 años hasta la muerte. TikTok también se ha convertido en un gran escaparate de este tipo de relaciones donde la mujer, considerada escort o prostituta, promociona el estilo de vida "sugar" mostrando billetes, bolsos, regalos caros como contrapartida de su compañía, saber estar y sexo para el caballero con el hilo de baba cayendo por la comisura del labio, que más que pareja, el parentesco se equipara a bisabuelo.

En el afán por conseguir un hombre o varios en fase de declive vital y sexual, pero con dinero, no falla el acudir a lugares donde es bien sabido que frecuentan señores con buena posición social, como los clubs de regatas, la cafetería del Congreso o los bares de copas donde el gintonic no baja de 20 euros, aunque ahí también se corre el riesgo de que el nuevo rico sea un muerto de hambre jugando al postureo.

Sobra decir que esta tendencia de seducir a dinosaurios ricos siempre con una viagra en el bolsillo, no es exclusivamente de mujeres cazafortunas. Existe un mercado paralelo de sugar daddies gays, y también de "sugar mommies", las mujeres con buen estatus que, ajenas al compromiso, compensan económicamente a hombres a cambio de sexo. Aunque, como en todo, siempre han existido sus variaciones, basta con recordar a la Duquesa de Alba y su último amor con veinticuatro años de diferencia, que para nada sería por un interés financiero.

En cualquier caso, lejos de ser una novedad, el match con un sugar daddy es la erotización de ser la prostituta de un decrépito con pasta estando ambas partes de acuerdo.

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