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@BECARIA_

El timo del Feng Shui

Becaria analiza las afirmaciones más disparatadas de esta filosofía oriental tan extendida.

Feng Shui [archivo]

Pixabay Feng Shui [archivo]

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Con la proliferación de la autoayuda, la famosa homeopatía emocional, cualquier banalidad sin validez comprobada sirve vendida bajo el paraguas del bienestar. Una de estas cosas es el Feng Shui, una invención china de larga tradición que relaciona la felicidad personal con cómo tengamos decorada nuestra casa, con la colocación de los muebles y el color de las paredes, entre otros detalles. Hay una cosa clara y evidente, y es que determinados aspectos como la limpieza o el orden, siempre van a influir positivamente en el estado de quienes ocupen los espacios, pero bajo esta filosofía mágica entre el mundo visible e invisible, hay mucha paja sin fundamento que da la risa.

Como pasa con todas las chaladuras espirituales y en el intento de vender todo lo que se pueda, existen manuales centrados en la aplicación del Feng Shui en el trabajo para mejorar la vida laboral con esta “sabiduría milenaria” y conseguir mayor prestigio, realización personal y éxito empresarial. «El feng shui puede ayudarte a captar las energías positivas que refuerzan tu suerte en el trabajo. No te cuesta nada intentarlo», dice Lillian Too, autora de consejos para triunfar en la vida laboral por medio de esta magufada, quien lleva ya escritos más de 200 libros sobre el feng shui en general, traducidos a más de 30 idiomas y con más de 6 millones de copias vendidas en todo el mundo.

Montañas y tortugas

Una de sus recomendaciones es que cuelgues una foto o un cuadro de una montaña detrás de ti para darte protección. Si es el Everest, mejor que cualquier pico mediocre de Andorra o la Sierra madrileña, no hay que conformarse con medias alturas. Otra opción es colocar la foto de una tortuga porque, al parecer, se trata de un animal celestial que representa la estabilidad en el trabajo.

Las estanterías dan mala suerte

«Deshazte de estanterías abiertas y desprotegidas porque puede que estén enviándote vibraciones afiladas como cuchillos. Añade puertas a estas estanterías para convertirlas en armarios». ¡Gran idea! Seguro que llevas toda la vida colocando libros, archivadores y pongos en el lugar equivocado.

Los cactus, mal rollito

Hace años emergió una exitosa magufada sobre los cactus que decía que estas pequeñas plantas absorbían las radiaciones de los ordenadores. La realidad es que ni los ordenadores emiten radiaciones nocivas para el ser humano, ni los cactus tienen poderes mágicos para "absorberlas". Siguen petándolo en ventas para este fin, incluso muchas floristerías aún venden cactus con las indicaciones de tal invención. Pues según el feng shui, hay que evitar los cactus en la oficina: «Sus espinas son flechas diminutas que provocan que aumente la mala suerte y que ésta te pueda dañar».

El WC, zona de mal augurio

Según la rigurosa teoría del feng shui, tienes que evitar sentarte delante de la pared de un lavabo, así como debajo. La autora tampoco recomienda colocar diplomas, premios y certificados cerca del retrete, pues es un elemento poco propicio para el éxito laboral y desequilibra el ying y el yang.

Ten una chaqueta azul marino para la mala hostia

El prêt-à-porter y el feng shui van de la mano. Debes tener siempre a punto una chaqueta de color azul marino, ya que cuando la tensión aumenta, puede resultar muy tranquilizador ponérsela a modo de protección.

Libera tensiones sentándote imaginariamente

«Ponte de pie, separa las piernas y dobla las rodillas lentamente como si te sentaras en una silla imaginaria. Mantén la espalda y la cabeza rectas. Coloca las manos paralelas al suelo y a 90 grados del cuerpo. Aguanta la posición y siente el chi».

Las mesas rectangulares matan

Si te sientas en el extremo de una mesa de reuniones rectangular con el filo apuntando a tu estómago, atraerás la mala suerte. «Estos filos emiten energías mortíferas». Ojo cuidado ahí.

A modo de conclusión global, ya es ridículo inventar todas estas paridas, pero lo más ridículo es creerlas. Las cifras de su éxito avalan la estupidez del ser humano.

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