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CRUSHCIONARIO

¿Qué es el ‘negging’?

Piensa en ello como veneno puro; unos cumplidos con intenciones nada buenas y una herramienta para seducir a nuestro lado más vulnerable.

Las palabras también envenenan...

Las palabras también envenenan... iStock

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Bienvenidos, damas y caballeros, a una nueva lección de nuestro crushcionario. Pónganse cómodos porque el término de esta semana viene cargado de malicia y puede herir sensibilidades ¿Existe algo que cause más escalofríos que una frase con doble sentido?

Gracias al ‘negging’, los insultos disfrazados de halago ya tienen término propio. La palabra en sí no es más que la breve síntesis de ‘negative complimenting’ o ‘negative feedback’, es decir, cumplidos negativos que, a modo de indirecta, dicen mucho más de lo que podría parecer a simple vista.

El ‘negging’ no es un desliz casual. Es un comportamiento tóxico y cargado de manipulación emocional. Un puñal directo al corazón y a la autoestima: “¿Todo eso te vas a comer? Ah no, si está perfecto, es que me parecía mucho”. Comentarios similares al anterior entrarían de cabeza en la nueva categoría de nuestro crushcionario.

Esta práctica propia del villano más perverso de Disney, se dio a conocer porque se usaba comúnmente para coquetear. Y, por increíble que parezca, son muchas las personas que se siguen valiendo del ‘negging’ para ligar.

Porque por mucho que este tipo de comentarios lleven la famosa coletilla: “No hombre, si es broma, no te lo tomes a mal”, el daño ya está hecho. Jugar con las inseguridades de otra persona no es feo, es feísimo, y alimentarlas en beneficio propio es aún más rastrero.

El primer paso para eliminar esta conducta de la faz de la tierra, y lo más importante, que no puedan usarla en nuestra contra, es saber de su existencia. A veces, resulta algo tan sutil que puede pillarnos con la guardia baja: “¿Y cómo puedes no tener pareja? Si eres un pibonazo”.

La ambigüedad que caracteriza al ‘negging’, no saber si un piropo es bueno o malo, es clave para entender por qué puede resultar tan peligroso. El veneno de unas pocas palabras puede ir haciendo efecto poco a poco, hasta que la víctima acaba buscando la aprobación de la otra persona por todo y para todo.

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