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POLÉMICA A LA VISTA

Marina Yers sobre su 'grave enfermedad': "Voy a tratarla con medicina alternativa"

Los tuiteros se frotan las manos con "la nueva temporada" de la influencer más controvertida de Instagram. Y mira que hay dónde elegir...

Marina Yers en 'Fiera'

Marina Yers en 'Fiera' @Marina Rivers / YouTube

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"Marina Yers la ha vuelto a liar". Casi da igual cuando leas esa frase, porque cada vez que aparece su nombre en un timeline de Twitter significa que ha salido algún exabrupto de su boca o su teclado. Por aquí la conocimos cuando aseguró, literalmente, que "el agua deshidrata", luego con su dispendio de mascarillas-bikini, y luego, entre otras muchas locuras, asegurando que esas mascarillas "tienen larvas".

Con serios episodios de enajenación mental, las redes alternan su preocupación y cachondeo cuando la de Marbella, pero origen ucraniano, suelta alguna bomba. Por ejemplo: unos meses atrás aseguró que intentaría ir a su país de origen para "hacerse unos vídeos de YouTube ahí que flipas, matando a los rusos".

Esa idea no salió adelante quizá porque ahora asegura estar bastante enferma de algo relacionado con el hígado y que para curarse "le piden 60.000 euros" (¿?). Suena raro, pero tampoco es lo más raro que le hemos oído comentar y asegura que tiene alternativas a la "medicina tradicional".

Resulta que estos días, y vete tú a saber por qué, Marina anda por Jenaro Herrera, una recóndita región de Perú donde la población "está supersana y no necesita ir al médico porque las plantas les dan todo lo que necesitan". Tanto es así, que pretende tratarse su dolencia con algo llamado "kambó", que es como se conoce a un potente veneno de rana autóctona.

Una rápida búsqueda en Google nos da la referencia de la BBC, que en una expedición habló con un chamán de la zona quien les aseguró que el kambó "no es un remedio sino una medicina". Por ser más concretos: "trabaja en tres campos, el físico, el mental-emocional y el espiritual, y en la alineación del ser para su completa cura". Mmm, ok.

Prometiendo redirigir su carrera hace ya unos cuantos meses, y con el corazón supuestamente ocupado por DJ Rawdolff, la vergüenza ajena es un concepto completamente ajeno -valga la redundancia- a Marina.

Entre bromas de cámara oculta (la última, yendo a comprar "pollo del día" vestida de novia) y exhibiciones de lo más gratuito (tirándose a bailar en un paso de cebra delante de un Ferrari), lo del kambó parece ser la última llamada de atención de una influencer inclasificable. Seguiremos informando... aunque nos cueste.

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