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VERGÜENZA AL APARATO

¿Por qué me dan miedo las llamadas telefónicas?

Si te da pánico escuchar tu tono de llamada y telefonear para pedir una pizza es una de tus peores pesadillas, ponte cómodo, tenemos que hablar del tema de una vez por todas.

No es Halloween pero invocamos a una de tus peores pesadillas

Canva No es Halloween pero invocamos a una de tus peores pesadillas

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Qué prefieres, ¿beber el zumo de un limón recién exprimido o llamar a tu jefe para pedirle el día libre? Si con la primera opción has asentido y con la segunda se te han puesto los pelos como escarpias, estás en el lugar indicado y en el momento perfecto.

Esto no es una terapia grupal, aunque podría serlo, pero este tema nos trae de cabeza desde hace tiempo. Para muchas personas enfrentarse a una llamada telefónica es peor que el roce de una alga cuando estás nadando mar adentro. Una angustia que empieza en el estómago y te paraliza por completo.

En perspectiva, parece un hábito poco integrado en nuestro día a día, en desuso y excluido de nuestras tareas diarias –sobre todo entre los más jóvenes–. Ni siquiera la pandemia ha logrado cambiar eso. Hemos integrado una reunión en pijama vía Zoom pero ‘la llamada’ es un muro infranqueable.

Ahora bien, luego nos movemos como pez en el agua con mil herramientas distintas para cada ámbito de nuestra vida: Telegram para enterarnos de si una criptomoneda sube o baja, Slack para que en el curro nadie se pierda nada y WhatsApp para decirle buenos días a tus amigos de siempre.

Preferimos mil grupos, correos y aplicaciones que una simple llamada de 30 segundos. E incluso nos parece mejor opción escuchar audios infinitos. Se acabó, hay que abordar este misterio de una vez por todas.

Si no es el tiempo que nos roban, tampoco la inmediatez o la comodidad, ¿de dónde surge ese recelo irracional? Pues probablemente asociemos esa llamada con un ‘cisne negro’ al que deberemos enfrentar totalmente desarmados. Si ‘tu gente’ acude a ti por otras vías, ¿quién iba a invocarte a través de un medio tan arcaico? Algo malo, seguro.

Y para qué engañarnos, lo de interactuar no suele apetecer y la ‘Opción A’ siempre es más suculenta: enviar un mensajito y ya responderá el susodicho –y viceversa–. Mejor enfrentarse a un teclado que a ese tartamudeo fruto del bochorno y que te pinta los mofletes aunque no haya nadie mirando.

Apuesto a que es solo una evolución de algo que ya sucedía, ¿o soy la única persona que ha huido de una felicitación telefónica de cumpleaños a un familiar random? Eso sí, la tendencia es cada vez más notable.

Por suerte, siempre tendrás cerca al bestie que se lanza con todo y sin vergüenza alguna. Con toda la valentía del mundo acomete sin problemas esa terrorífica llamada que te separa de la pizza 4 quesos.

¿De qué team sois? ¿Equipo ‘sin miedo a nada’ o equipo ‘si puedo me lo ahorro’? Igual en otro artículo nos aventuramos con algunos consejos infalibles para enfrentar las dichosas llamadas sin nudos en el estómago.

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