Puede ser porque quieres formalizar la relación, porque tengas dudas sobre sus sentimientos, porque quieres que os deis un tiempo, porque haya comportamientos de la otra persona que no te gusten nada de nada… Los motivos son infinitos, pero el modus operandi para hacer que una conversación seria entre vosotros sea exitosa, siempre es el mismo.

Toma nota y la próxima vez que tengas que soltarle algo no se te hará un nudo en el estómago, ¡prometido!

1.- No pospongas las conversaciones

Este punto es fundamental. ¿Sabes eso de que cuanto más rueda una bola de nieve más grande se hace, verdad? Pues con las preocupaciones pasa exactamente lo mismo. Si hay algo que tienes dentro de ti, cuanto más tiempo tardes en escupirlo, más daño te hará, más grande te parecerá, y más te irritará.

Eso supone que si tardas mucho en soltarlo las formas en las que lo digas no sean del todo correctas, ¡porque rumiarlo en tu interior te hará agrandarlo hasta límites insospechados!

2.- Sé lo más claro posible

Una vez que te decidas, ten claras las palabras que vas a utilizar. Si es algo que pueda resultar hiriente, lleva preparada la frase exacta del motivo que quieras abordar, porque si no los nervios pueden jugarte una mala pasada. Luego ya puedes añadirle detalles, explicaciones, o lo que creas conveniente, pero el motivo exacto de tu conversación tiene que ser lo más claro posible.

3.- Crea un entorno agradable

Esto es algo de suma importancia. ¿Te acuerdas del mítico: ‘Tenemos que hablar’? Pues no lo uses ni en broma. Esa frase aparte de sonar viejuna y oler a polvo de trastero hace que al escucharla se te pongan todas las alertas disparadas. Y no queremos eso, ¿verdad?

Vamos, que lo mejor es que elijas un lugar donde los dos podáis estar a gusto, sin mucho ruido pero tampoco con silencio sepulcral. Y no ataques en cuanto llegues a la cita, espera unos minutos hasta que se cree entre vosotros el clima de confianza y buenrollismo que siempre tenéis. Una vez estéis relajados, es el momento de pasar al siguiente paso.

4.- Utiliza la técnica del sándwich

Como avanzábamos en el paso anterior, no vamos a comenzar la conversación advirtiéndole que tienes algo que hablar, ¡no, no, no! Vamos a hacer lo que se conoce como la técnica del sándwich, es decir, primero dirás algo agradable de la otra persona, como por ejemplo lo guapo o guapa que está en ese día.

De seguido introducirás el tema a tratar, sí, el problemático, pero con suavidad, recuerda que debes llevar el motivo preparado para que los nervios no te traicionen. Y cuando ya hayáis hablado del tema en cuestión, cierra con otro comentario positivo para que en su mente quede este recuerdo, un buen sabor de boca.

¿Qué tal recordarle lo divertido que es y lo fácil que te resulta siempre hablar con él de cualquier cosa? ¡Conversación solucionada y nudo del estómago fuera! ¡De nada!