@BECARIA_

Cómo folla la generación EGB

Los cuarentones víctimas del sistema de la EGB se apañan follando de forma autodidacta. La educación sexual durante la EGB no existía. El analisis de Becaria de cómo es el sexo de quienes hoy tienen entre 43 y 54 años.

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Hablar de cómo folla la gente que cursó la EGB, quienes hoy tienen entre 43 y 54 años, suena poco menos misterioso que cuando Iker Jiménez divaga sobre las manchas de humedad en una pared, conocidas como las caras de Bélmez, o los avistamientos ovnis desde una carretera de Badajoz cualquiera. La diferencia es que lo primero alguna vez se ha dado, y lo segundo solo forma parte de la imaginación.

Los cuarentones víctimas del sistema de la EGB se apañan follando de forma autodidacta. La educación sexual durante la EGB no existía, las clases en este antiguo sistema se basaban en nociones básicas de Lengua y literatura con pizarrín, Matemáticas con ábaco, con calculadora Casio en los últimos años, y mucha religión donde no faltaban las biblias y los crucifijos. Las charlas extra no iban más allá de Seguridad Vial en los últimos años, las cuales tampoco sirvieron de mucho porque cada poco es atropellado algún cuarentón por cruzar en rojo. El paralelismo con la nula educación sexual no puede ser menos alentador.

Los chavales de esta era, actualmente unos puretas que hoy superan los cuarenta años, aprendieron lo que es el sexo viendo portadas de revistas cochinas en los quioscos, los más afortunados robándoselas a sus padres; también con la sección de contactos de la revista de Charo Medina; la Interviú; la revista Man; los chistes cochinos de El Jueves; las barajas y calendarios porno de tetonas y pubis peludos; las secciones de lencería de los catálogos de Venca, y los menos viejos con las películas de Canal Plus codificadas, un canal que era de pago y que apareció en 1990, en los últimos años que se cursó la EGB; el Netflix de los carcamales que hoy peinan canas, los que, con suerte, aún pueden peinarse. Para la mayoría, en su juventud solo existían dos canales en unas televisiones que nada se parecen a las del siglo XXI, sino que eran como cajas de zapatos gigantes con un par de botones, y que ya solo se pueden encontrar en ferias de antigüedades y zocos online de segunda mano para nostálgicos y coleccionistas.

Las chicas, hoy señoras maduras, no recibieron una educación mejor. Aprendieron a ponerse sexys y sumisas para gustar a los chicos en revistas como la Súper POP y Nuevo Vale. El sexo no era explícito como en las revistas porno, sino que se trataba de consejos moñas y, como mucho, con algún dibujo para las más perdidas en los senderos de las anatomías femenina y masculina. Los “trending topic” de la imprenta eran el himen, la virginidad y la primera vez, y todos mal. Justo también en 1990, apareció en la comentada televisión con forma de caja de zapatos, un programa llamado "Hablemos de sexo", presentado por la sexóloga Elena Ochoa. La gente que le escribía cartas estaba como una ceporra, y no era para menos, después de una EGB heredera de la represión sexual de la dictadura franquista, y las mujeres doblemente oprimidas bajo el régimen de la Sección Femenina. Todo era igual, pero bajo subtítulos de democracia y Constitución, que rima con cojón.

Las mujeres víctimas de la EGB han ido tirando como han podido con sus recortes de revistas, los apuntes de Elena Ochoa, los folletos de la consulta del ginecólogo, se han casado y, según las circunstancias, han tenido hijos, otras han ido a abortar a Londres, y raro es la que actualmente ya no sabe dónde está el clítoris o no se ha comprado un Satisfyer. Los hombres de la EGB son los que follaron con sus iguales femeninas por primera vez con una luz tenue bajo la atenta mirada de un crucifijo sobre la cama y la pared empapelada, eso quienes no se desvirgaron en el prostíbulo, y son los mismos que aún hoy alguno confunde el ombligo con el clítoris; el orificio anal con el vaginal; el placer con la falsa moral. Ahora compran libros de tantra para controlar la eyaculación precoz, en los mejores casos, y el resto Viagra para que a la boa le renazca la potencia y se minimicen los fracasos.

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