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Festivales de aviones, españoles y otras glorias fachapobres

Becaria escribe sobre el famoso Festival Aéreo Internacional de Gijón. Aviones que parecen OVNIs en la penumbra del cielo y un pueblo atolondrado saludando desde la playa a los pájaros de hierro.

 XVII Edición del Festival Aéreo de Gijón

XVII Edición del Festival Aéreo de GijónEFE/Eloy Alonso

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El día de la exaltación de la españolidad no lo marca la Constitución, la virgen de la Inmaculada Concepción, el palomo cojo ni la parafernalia democrática, sino días como los que se han vivido el pasado fin de semana en Gijón con unas jornadas cargadas de exhibiciones aéreas con todo tipo de avionetas y otros pájaros de guerra. Gijón es un pueblo grande que no llega a trescientos mil habitantes y que estos días disfruto a mi manera, más por el paisanaje que por el paisaje, sus hedores y ruidos. Todo se ha petado de gente, de barullo y de CO2. Sed bienvenidos al opio para el pueblo subvencionado por todos los gijoneses.

Aviones que parecen OVNIs en la penumbra del cielo y un pueblo atolondrado saludando desde la playa a los pájaros de hierro con luces LED y fuegos artificiales en el culo como cuando pasaba el tren de Espinete en los créditos de Barrio Sésamo, y con música de Orishas de fondo, así ha sido la exhibición nocturna a la fresca, aunque el olor a sudor, a putrefacción y a semen de viejo no desapareció. La humanidad es la peste. Gente alzando los brazos desde la arena como pidiendo "ven y secuéstrame, por favor". Con paciencia, intentas hacer alguna foto y no se cuelan en el plano más que cabezas de calvos. En estas situaciones no me queda más que partirme de risa y disimular mirando por WhatsApp conversaciones con mi marido imaginario de misión masturbándose en su buhardilla, porque esta gente es muy violenta y en cualquier momento saca un bate de béisbol y te pega.

El día gordo de la españolidad con los aviones es el domingo por la mañana, cuando hordas de todos los puntos de Asturias y otras provincias acuden a esta cita a disfrutar del evento de la exaltación nacional disfrazada de aviones bonitos que hacen piruetas. A lo largo del paseo marítimo se coloca un mercadillo al más puro estilo "rastro de los domingos" con merchandising de las diferentes patrullas: aviones de juguete, parches para la ropa con la cruz de Borgoña o con mensajes tipo "Orgulloso de ser español", chapas a un euro, paraguas con la bandera de España a diez euros, mochilas, polares, cortavientos en un día de 30°C, gorras, banderas de España y más banderas para decorar cualquier parte del cuerpo y esconder la vergüenza ajena. ¿Pero no habíamos quedado en que esto era un “festival de aviones”?

Esta masacre sonora supuso en sus ensayos la rotura de la cristalera de un estanco a pie de playa por un Eurofigther, un caza, un avión de guerra, que pasaba todo follado por el cielo, quizás por superar la barrera del sonido, pero la organización del sarao justificó que el cristal del local no tendría bien puesto el pegamento. Son así y hay que aceptarlo, en cualquier lucha dialéctica saldrás perdiendo: ellos tienen las armas y el fuego.

Parte del pueblo se viene arriba y se disfraza con estos parches del mercadillo como una mascota del Mundial de Fútbol imaginario de 1939. Te fijas y ves que no son más que fachapobres levantando el brazo entre la muchedumbre, amortizando sus adornos y otra vez de vuelta a casa, mientras los verdaderos simpatizantes fascistas y militaristas disfrutan del evento desde sus cortijos privados y no en el paseo marítimo oliéndose unos a otros los sobacos.

Se resume en un desfile de propaganda bélica que llena de porquería la atmósfera y nuestros pulmones durante horas, que culmina con paracaidistas abriendo banderas de España en el cielo y con la popular Patrulla Águila haciendo los colores de la bandera con sus humaredas mientras suena el himno español sin letra y por megafonía se repiten expresiones como "Arriba España" y "Viva España". Insisto: ¿Seguro que esto es un "Festival Aéreo"?

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