Por razones lógicas, no hay pruebas históricas de que el arte de la seducción sea el más antiguo del mundo. Pero es evidente que eso de 'chico conoce chica y se la intenta ligar' debe ser una de las tendencias que aparecieron al principio de las relaciones humanas. Y decimos humanas aunque de vez en cuando algunos chicos se comporten casi como animales.

Hemos recopilado unos cuantos intentos de ligoteo tristísimos realizados por aspirantes a seductores. Por supuesto, y para preservar su intimidad, hemos cambiado los nombres reales, pero las situaciones son tan ciertas como la vergüenza que pasaron sus protagonistas.

Víctor, 23 años - El primer verano que trabajé salí de fiesta con mis compañeros y le pedí a uno que le dijera a una chica que había visto que le tenía que decir una cosa. Él se acercó y le dijo: "Mi amigo quiere comentarte algo". Ella, entre divertida y alucinada, me mira y entonces yo le dije: "Una pregunta fácil, ¿dónde has estado todo este tiempo que te he estado buscando?" Ella: "No lo sé, pero date la vuelta y cuenta hasta 20 que voy a volver esconderme". Mi cara debió ser un poema.

Tomás, 19 años - El otro día un amigo me contó una lamentable que le pasó hace poco en una disco. Se acercó a una chica en la barra y le dijo: "Hola, te invito a una copa". A lo que ella contestó: "Mejor dame el dinero y vete". Todavía me duele la barriga de reírme.

Quique, 17 años - La vez que peor lo pasé fue una que intenté entrar a una chica en el bus. No sé ni si se le puede llamar intento porque lo único que hice fue acercarme a ella, balbucear no me acuerdo qué (una especie de frase que me había preparado y todo) y bajarme corriendo en la siguiente parada. No me importó que no fuera mi parada.

Charlie, 24 años - En un bar se me ocurrió una idea que creía genial para empezar a hablar y además ahorrar pasta. Le dije a una chica "Hola, he visto que me miras mucho. ¿Quieres que te invite a un vaso de agua?" Se rió mucho, pero también se dio media vuelta y fue a contárselo a sus amigas, que también se rieron de mí en la distancia. No la volví a ver.

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César, 19 años - Durante una fiesta me presentan a una chica en un botellón y antes de que me dijera su nombre le suelto "soy adivino, a ver, tú con lo guapa que eres no puedes tener un nombre como Margarita". Ella puso cara de eres tonto o qué, y mis amigos igual. Sí, se llamaba Margarita.

Álvaro, 24 años - Hace dos años me fui de Erasmus, y el primer día congenié en la presentación con un profesor y una profesora un poco mayores que yo. Nos fuimos los tres con varios alumnos a un bar cercano. Yo bebí un poco de más y empecé a tirarle la caña a la profesora. Al día siguiente me enteré por mis compis que ella no era tan simpática como me pareció al principio, que también intenté ligar con las de la mesa de al lado y que el profesor que nos acompañó era el novio de la profesora. Me pasé tres meses en un tierra trágame y con una fama muy merecida de borracho.

Diego, 22 años - Un colega se planta delante de una chica en las fiestas de su pueblo y le dice: "antes de saber más de ti, tengo que romper el hielo". Saca un hielo de su bebida, lo tira al suelo y lo intenta romper con el pie, con la mala suerte de que al pisarlo se resbala y se da un golpe contra el suelo. Se levantó mareado y se cayó otra vez frente a la mirada de decenas de personas. Desde entonces le llamamos El Rompehielos. Y además, claro, no ligó.

Enzo, 18 años - En la fiesta de graduación vi a una chica que me gustaba muy triste en un banco fuera del pub donde estábamos. Nos conocíamos y tal, y me acerqué pensando en intentar hablar con ella para contarle eso, que me gustaba. Empezamos a hablar y me dijo que sentía que no le gustaba a nadie, que se sentía muy sola y cosas así. Yo estaba nerviosísimo pensando que era mi momento, y, tonto de mí, se me ocurrió preguntarle: "Oye y eso de los brackets, ¿qué tal va para enrollarse?" Mi indiscreción sobre sus dientes me costó que se fuera enfadada y que no volviéramos a hablar.

Jesús, 19 años - Yo que iba de original por la vida, hablando con una chica con la que ya había cogido confianza le suelto: "Te pareces mucho a mi tercera novia". Ella entonces me dijo: "¿Cuántas novias has tenido?" Respuesta: Dos. Resultado: se rió incómoda y se marchó por donde vino.