@BECARIA_

Los hábitos característicos de la gente 'quiero y no puedo'

Hay quienes aparentan mucha felicidad aparentando un poder adquisitivo que no tienen.

Conduciendo un coche caro

Conduciendo un coche caro pIXABAY

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Quiero y no puedo. Dícese de "la persona o cosa que pretende aparentar algo, especialmente riqueza o categoría, sin conseguirlo", según la trasnochada RAE, en esta ocasión con acierto. El dinero no dará la felicidad, pero hay quienes aparentan mucha felicidad aparentando un poder adquisitivo que no tienen.

Coche grande, ande o no ande

Dice la leyenda que lo de comprar un coche grande suele ser para suplir un miembro eréctil más bien pequeño, y que a veces también suelen coincidir con modelos tipo Porsche o Ferrari descapotables que parecen costar un fortunón, pero que luego están al alcance de la mano de cualquier bolsillo medio metiéndose en un apurón con un crédito y comiendo a base de espárragos y arroz blanco durante dos años. Creerte Beckham por un rato, aunque luego no te llegue para alquilar una plaza de garaje y el carro deportivo de postureo tenga que dormir en la calle, no tiene precio.

Café de postureo

Un/a ‘quiero y no puedo’ profesional tiene que ir siempre que tenga ocasión, a tomar un café a un Starbucks, o comprarlo para llevar y estar tres horas paseando el vaso de cartón por la calle como símbolo de altanería, poderío, buen gusto y saber estar. Un café a la altura de cualquier aguachirri de las máquinas de oficina, con las únicas diferencias entre uno y otro del diseño del vaso y los euros que cuesta cada cual con un mismo resultado final según la sensibilidad de los intestinos del consumidor: una diarrea descomunal.

Ropa cara fake de China Town

Otra característica del nuevo rico mileurista es intentar aparentar clase y buen gusto comprando grandes marcas propias de famosos de la talla de Carmen Lomana, Tamara Falcó, Sergio Ramos o cualquier otro futbolista entre choni y pijovski. Las claves están en ir a hacer acopio a centros comerciales de outlet tipo Las Rozas Village de Madrid a por ropa pija tarada o desfasada, o comprar directamente copias en el China Town de confianza de cada ciudad y en la ‘deep web’ del retal de alto standing.

Bandera de España en el forro de los calzoncillos

El llevar la bandera de España hasta en el forro de los calzoncillos tuvo su auge en recientes momentos como con el traslado de la momia de Paco a otro subsuelo, en contra del sentimiento nacionalista catalán y con la pandemia. La dermatitis de testículo por el tinte rojigualdo nunca floreció igual en las consultas médicas. Banderas de España en los polos, zapatillas, mascarillas, llaveros, pulseras, cinturones como indicador de ADN nacional de calidad, aunque siempre ‘Made in China’, y en los balcones de los barrios más humildes para que nadie piense que quien vive en esa edificación casi en ruinas no es de Ohio del Norte, Bielorrusia o Costa Rica. El postureo con el bandero, ese símbolo de poderío de absolutamente nada.

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