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Meritocracia emocional: padres, herencias y mucha jeta

Becaria habla sobre algunos casos de dudosa meritocracia en nuestro país.

Carlos III del Reino Unido

Carlos III del Reino Unido Reuters

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La meritocracia, ese sistema basado en el merecimiento en cualquier ámbito jerarquizado de la vida profesional en virtud de las aptitudes, la formación, el talento y el esfuerzo personal, siempre ha olido a chamusquina, siempre ha atufado a padres con dinero, a herencias de dudosa procedencia y a billetes húmedos bajo el colchón, pero ciertos círculos de la sociedad siguen queriéndonos hacer creer que es una virtud también suya, que su éxito en el trabajo y en la vida en general es un merecido fruto de madrugar y deslomarse cada día.

Marta Ortega se hizo a sí misma doblando camisetas

Hablando de meritocracia siempre viene a la cabeza el nombre del filántropo Amancio Ortega, nacido en Busdongo, un pueblo donde solo hay una panadería y que pilla de camino cuando vas de Asturias a Madrid por el puerto para no pagar peaje. Amancio, un hombre más de pueblo que las amapolas que se hizo a sí mismo empezando con una máquina de coser y ahora la avaricia le vicia fabricando en países pobres como Bangladesh con el personal trabajador en condiciones penosas, y paralelamente comprando rascacielos y otros vicios mundanos en proceso, como la sede europea de Facebook en Dublín por 550 millones de euros. Pero yendo a lo importante, Marta Ortega, su hija, siguiendo su ejemplo, también se hizo a sí misma doblando camisetas y hoy es presidenta del más mítico grupo empresarial del algodón oriental y los tejidos sintéticos: “Inditex tiene aciertos y errores, pero nunca se detiene”, comentó recientemente en una junta de accionistas. Y nosotros, el pueblo llano, deseando estamos de recibir nuevamente la donación de alguna nueva máquina en la Seguridad Social, aunque sea un palet de tensiómetros o glucómetros para las unidades de endocrinología.

La suerte de la fea, la guapa la desea

Tirando de refrán clásico como resumen de la meritocracia emocional en el mundo de la moda, tenemos como máximo exponente actual a la poco agraciada Victoria Federica, que ahora disfruta como pasatiempo millonario el dedicarse a la farándula de las grandes firmas de moda, ya que el sustento vital lo tiene garantizado gracias a la paguita burguesa que recibe de las aportaciones ciudadanas obligatorias camufladas bajo impuestos. Lo peor de su popularización viviendo del cuento es que hay personas feas creyendo que si Victoria Federica ha penetrado en el mundo de la "moda" siendo un orco como una catedral, ellas también podrán. Su talento, profesionalidad y merecimiento es como el salario emocional, pero en meritocracia emocional. La poco agraciada genética de los borbones, en parte como resultado de su endogamia histórica, solamente se ha visto favorecida con la entrada de la periodista Letizia Ortiz en la familia, y es evidente que la nieta del emérito la única cualidad que tiene para destacar en algo vinculado con la moda, es su familia, nuestro dinero y nuestra hambre por echar unas risas con memes en Twitter. No todo el mundo servimos para todo, pero cuando hay contactos y billetes, la cosa cambia.

Más feas con familia, muchos enchufes y dinero

Otros ejemplos mundanos del paraíso de la caspa del corazón son Rocío Carrasco, ahora conocida por vender sus calamidades en una docuserie en prime time, pero que en su juventud hizo sus pinitos en el mundo de la pasarela desfilando, careciendo de todo tipo de cualidad estética para dedicarse a la moda y caminando por la pasarela como un pato mareado. Del mismo modo, también brilló fugazmente en este campo Carmen Janeiro, más conocida por "Jesulina" por su parentesco como hermana de Jesulín de Ubrique, su enchufe meritocrático principal.

La meritocracia también tiene nombre de macho y rabo entre las piernas

¿Quién en su sano juicio hubiese dado una oportunidad musical a Enrique Iglesias, con ese lustre, esa voz y ese cantar penoso si no hubiese sido por su apellido y su cercanía en el árbol genealógico con el vetusto cantamañanas Julio Iglesias? Pero aún algún medio de comunicación se atreve a dedicarle algún titular como "músico" y como "cantante". Y como ejemplo del meritócrata más reciente tenemos a Carlos III de Inglaterra, nombrado como rey a los 73 años después de espicharla su madre, la reptiliana Isabel II de Inglaterra tras una casi jurada inmortalidad que parecía que casi enterraría a sus nietos. Carlos III, como cualquier heredero al trono monárquico por el simple hecho de haber nacido en una familia tocada por la sangre azul, al igual que Felipe VI en nuestra España después de dar un bastonazo a su viejo, que rápidamente se dio el piro a los Emiratos Árabes con los de su estirpe ética y económica, no le dota de ninguna cualidad para presidir una institución caduca, fraudulenta, carente de méritos y talentos, y que aún pervive, aunque no tardará en extinguirse.

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