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Hasta para ser santo hace falta dinero: La inmensa mayoría de los santos son de clase alta.

Diostuitero analiza un estudio que desvela que sólo el 5% de los casi 2.500 santos de la Iglesia Católica procedían de las clases populares.

Estatua de San Francisco de Asís

Estatua de San Francisco de Asís Pixabay

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"Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de Dios", dijo Jesús en el Evangelio.

Pues bien, es más bien todo lo contrario y, como todo en la vida, en esto de la santidad los pobres también lo han tenido siempre más complicado.

"Poderoso caballero es don Dinero", afirmó Quevedo, y tenía razón.

En 2011 dos historiadores de la Universidad de Rochester (EEUU), Katherine y Charles H. George, publicaron un artículo titulado "Roman Catholic Sainthood and Social Status: a Statistical and Analytical Study" (La santidad romana católica y el estatus social: un estudio estadístico y analítico), en la revista The Journal of Religion. Este artículo obtuvo gran parte de sus datos de la detallada biografía de los santos de Alban Butler, complementada por los trabajos de Herbert Thurston y otros, todo ello publicado en doce volúmenes.

Pues bien, tales autores encontraron que la gran mayoría de los santos de la Iglesia (1.950 del total de 2.494, es decir, un 78%) pertenecía a los estatus altos, que definen como clase alta; 422 (un 17%) de estatus medio, y sólo 122 (un 5%) procedían de las clases populares.

Allí están San Enrique, San Luis de Francia, Santa Isabel de Hungría, Santa Brígida de Suecia, San Francisco de Asís, Santa Margarita de Escocia, San Wenceslao, San Casimiro, San Carlos Borromeo y miles más, todos ellos gente con posibles. De los pobres nunca o casi nunca se escribió nada.

Es sólo en el primer siglo de la cristiandad cuando santos pertenecientes a los estatus altos no son la mayoría. En este primer siglo, las personas de estatus medio y popular tenían más posibilidades de ser nombrados santos. No así a partir del segundo siglo. Desde entonces, el dominio de santos entre las clases altas es casi absoluto, alcanzando su máxima expresión durante la Edad Media, periodo en el que la Iglesia adquirió más poder y riqueza. En realidad, la santidad estaba relacionada frecuentemente con la donación de riquezas a la Iglesia, hasta el punto de que familias enteras eran nombradas santas. Así, el noble Dagobert, que donó todas sus propiedades a la Iglesia, fue nombrado santo, como también lo fueron su madre, su abuela y sus cuatro hijos.

Este dominio de santos de clase alta disminuyó algo en los siglos XVIII, XIX y XX, en que aparecieron otros grupos de los sectores de estatus medio que la Iglesia quería captar. El márketing llamaba a la puerta.

Los santos entre las clases populares, sin embargo, continuaron siendo una minoría.

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