Es posible que eso del amor te asuste o te dé un poco de miedo pero ¿crees que tienes un miedo irracional a enamorarte? ¿Te da pánico pensar que puedes sentir algo especial por alguien? ¿Dirías incluso que es una fobia? No, no te lo estás inventando (ni nosotros tampoco). Es increíble dónde puede llegar a veces nuestra cabeza pero esta fobia al amor existe de verdad y se llama filofobia.

En la mayoría de los casos la filofobia viene por haber sufrido un trastorno emocional relacionado con el amor. Es decir, por algo que hemos vivido (quizás un fracaso amoroso o un divorcio de alguien cercano) decidimos que lo mejor es no enamorarse y desarrollamos un miedo o un rechazo a hacerlo. Si es tu caso es posible que, cuando sientas que te estás enamorando, prefieras cerrarte en banda, aislarte en cierta medida y no hacer frente a esa situación. Pero no solo sucede esto en el ámbito del amor sino también en lo que respecta a amigos, familiares y relaciones en el trabajo.

Si te has enamorado alguna vez sabrás que puede llegar a ser una experiencia maravillosa (también la peor del mundo) pero para un filofóbico solo significa una sensación de nerviosismo, alteración, estrés y malestar tanto físico como emocional.

¿Qué síntomas presenta la filofobia?

Podríamos describirlo como los síntomas que sientes con cualquier otra fobia. Por ejemplo, si tienes miedo a las arañas cuando ves una sentirás sudor frío, temblor en las piernas, respiración acelerada, te puedes sentir paralizado y hasta pánico a enfrentarse a ella. En este caso los síntomas serás similares pero cuando te enfrentes a una situación amorosa.

Creo que tengo filofobia, ¿qué hago?

Como cualquier otra fobia, puedes enfrentarte a ella con una terapia adecuada pero siempre bajo la supervisión de un especialista. En este caso no sirve la conocida como "terapia de choque" en la que te enfrentas al problema de frente. Esta fobia viene de algo que hemos vivido en el pasado y que necesita ser tratado, hablado y resuelto, de alguna manera.

El primer paso, entonces, será acudir al especialista y dejar que nos trate con terapia. Si estás pensando que eso es solo en casos extremos ¡te equivocas! Hoy en día ir al psicólogo está tan extendido como quien va al dentista a hacerse una revisión. La pregunta es la siguiente: si tienes un problema de dientes y vas al dentista, ¿por qué no ir a que te ayuden a resolver un problema del pasado?

El segundo paso será pasar de la terapia a la vida real (quizás te sientas capaz de hacer esto sin pasar por el especialista). Date tiempo, en este sentido y ten en cuenta que es muy importante expresar en todo momento lo que sientes con tu pareja (o posible pareja) y que él o ella conozca qué te sucede o cómo asimilas los sentimientos.