Si de algo nos podemos sentir orgullosos los humanos es de nuestra capacidad para convertir objetos de primera necesidad en trivialidades que compiten en su grado de inutilidad con una rueda triangular.

Pongamos como ejemplo el preservativo. La gomita. El chubasquero. El condón. Un invento que nos ha salvado a cientos de parejas adolescentes, y no tan adolescentes, de tener un regalito bomba nueve meses más tarde.

¿Sabíais que la idea del condón se la tenemos que agradecer a los egipcios? Al carecer de maquinaria pesada y de cadenas de montaje, tiraron de lo que tenían a mano: material rústico. Una funda de tela era más que suficiente para ellos. Si por algún casual no tenían una a mano, usaban una piel de animal. Muy útil y cómodo, sin lugar a duda.

Pero más de una momia egipcia se levantaría de su tumba si supiera en lo que ha llegado a degenerar su primigenia y buena idea. Porque claro, ¿a quién no le gustaría esgrimir su miembro viril como si de un sable láser se tratase?

La famosa marca Durex quiso deleitar a todos los fans de la saga Star Wars con una edición limitada de preservativos fluorescentes. El resultado no podía ser mejor... era ponerte uno y ella empezaba a sentir la fuerza. Eso sí, usarla como un verdadero Jedi está al alcance de muy pocos.

Luego están los de sabores y olores. Siempre me he preguntado qué se debe sentir al saber que tu miembro viril está rodeado de una sustancia química que imita el sabor del queso. O de la pizza. Incluso de la marihuana. Me imagino a los camellos de todo el mundo indignándose ante semejante desperdicio.

Por si fuera poco, también existen gomas que te quieren bajar la moral. Imaginad que quedáis con la chica de vuestros sueños, la inalcanzable, a la que solo pueden aspirar los guaperas y los que tienen moto. Pues has conseguido que acepte una cita. Todo va bien y acabáis en la cama. Sacas de tu cartera un condón y resulta que el graciosete de tu compañero de piso te ha cambiado tus Control por sus Condometric, una suerte de invento infernal con el que podrás medirte el miembro. Y claro, la realidad a veces es dura...

De todas formas, la palma se la lleva la famosa tienda de Ámsterdam Condomerie, donde podemos encontrar todo tipo de profilácticos. Distintos tamaños, colores e incluso formas dan a la tienda un aspecto perturbador y divertido, al mismo tiempo. Frutas, animales, condones femeninos, veganos, con forma de espada, de rayo, de Scalextric... Todo un mundo lleno de posibilidades está a tu alcance.

La conclusión podría ser que ya que hacemos el amor con prudencia, qué menos que tirar de freestyle y marcarnos unos puntos de estilo con nuestra pareja. Ahora bien, no esperéis que os llame al día siguiente. El trauma de haber tenido a Dumbo entrando y saliendo con una sonrisa deforme y maníaca de su interior no se cura en dos días.

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