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Dulce tentación

Pollofres: los gofres más atrevidos se venden en Chueca

Gracias al boca a boca (no va con doble sentido), un local recién inaugurado en Madrid se está abriendo hueco en la oferta gastronómica madrileña, con mucho cachondeo y picardía.

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2019 está a punto de pasar a la historia por ser el año en el que se superaron algunos tabúes de manera definitiva. Por fin se van normalizando a ojos de la sociedad las variadas opciones sexuales (cisgénero, queer, poliamor...) y a nadie le avergüenza decir que le encanta el satisfyer. Y ahora podríamos ver a gente comiendo penes por la calle sin que nadie se sonroje por su "despollante" menú.

A ver, que no hemos perdido la cabeza. Es una idea de un emprendedor que tiene una visión más allá de la vergüenza. "Tengo una heladería donde elaboramos helados con nubes de algodón de azúcar alrededor", nos aclara Pedro Buerbaum, un canario afincado en la capital y que quería otro negocio para la época más fría del año. Una idea más caliente de lo que parece. "Pensando en la temporada de invierno, le pedí al proveedor chino un catálogo con todos los tipos de máquinas de gofres que podían hacer, y me pasó un catálogo de 23 páginas, y en la 19 veo una que hacía esta de los penes. Cerré el catálogo pensando que era una locura y me fui a casa".

En la cama comenzó a darle vueltas a lo que acababa de ver: "Si fabrican este tipo de máquinas es que hay gente en algún lugar a la que le gusta estas cosas. Y pensé que este tipo de negocio solo puede abrirse en el Barrio Rojo de Ámsterdam o aquí en Chueca. Y dije: si lo tengo aquí al lado. Busqué un local pequeño y barato, compré la máquina, y a funcionar".

Ha sido esta semana cuando ha abierto las puertas permitiendo a cualquiera que se atreva a comer "Pollofres" por la calle, que lo haga. Y ha sido un éxito: "El día de la inauguración vino mucha gente, no paran de echarle fotos a la tienda. Ayer mientras dormía, de la gente que nos había etiquetado en Instagram, habíamos triplicado el número de seguidores en ocho horas". A la hora de escribir esto, ya llevan cinco veces más y acumulan 1000 seguidores en 48 horas. Gente a la que no le da nada de palo echarse una foto al lado de un generoso falo con toppings de fresa, Nutella o Petit Suisse.

Con su buen rollo, ya somos fans de La Pollería, y los comentarios a las fotos que van publicando en su cuenta ("esto es la polla", "pensaba que nunca me comería uno y aquí estoy", "menciona a quién se merezca una como esta") demuestra que hay un mercado y una clientela interesada en estos temas. Por si quedaba alguna duda, vamos...

"Ha sido como una ola de cosas de repente: nos han contactado de festivales gay, para que llevemos food truck y vayamos a eventos. A la hora de expandirlo como franquicia, hay sitios donde no lo veo fuera de Chueca, pero ya iremos viendo". Por algo menos de cuatro euros puedes comerte un buen Pollofre, y chulear del tamaño en redes sin temor a la censura de Instagram. Si lo pruebas cómetelo rápido, que seguro que estos gofres no saben igual si están duros.

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