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Tipos de chiringuitos de playa y su diversa fauna

Becaria analiza los distintos tipos de chiringuitos de playa y la fauna que te puedes encontrar en ellos.

Chiringuito en la playa

Chiringuito en la playa EFE

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Ser pobre tiene una peculiaridad que en verano queda patente: si estás tieso, vas a chiringuitos de playa a creerte rico con un billete de cincuenta euros en el bolsillo imitando el modo de vida de los millonarios de South Beach que no necesitan salir del porche de sus casoplones. Es lo que nos ha tocado vivir y no son pocas las formas que hay para dejarnos timar en verano, a cada cual más cursi, miserable y, de vez en cuando, fraudulenta.

Chiringuitos de paja

Es la forma más fotogénica de ir de bares playeros. Siempre tienen algún que otro árbol o palmera, decorado provisional y a rezar para que no llueva o sople un poco de viento y salga todo volando. Y, sobre todo, hay mucha paja: paredes de paja, asientos de paja, techos de paja. La paja es lo que da caché a estos bares que abren exclusivamente en verano y solo sirven cócteles bonitos y con sobreprecio si te colocan un paraguas de papel entre los cubitos de hielo, y refrescos de marcas ordinarias para los más tiesos. El ambiente general es de gente disfrazada con ropa de boda ibicenca de Bershka y Bimba & Lola si eres mujer, y los hombres de narcotraficantes marbellíes. Es todo muy cool de apariencia, pero nadie tiene dónde caerse muerto aunque por un rato se hayan creído de clase media tirando a burguesa.

Chiringuitos de playa todo el año

Quienes tienen la suerte de trolear a la clientela de playa todo el año, saben que ahí hay negocio seguro. El turista ni entiende, ni pide ni exige más que un plato o una consumición penosa en la mesa, porque con eso ya le llega para ir tirando, y el hostelero sabe que ese espontáneo turista no va a volver más. Comida basura a precio de caviar, y si te he visto, no me vuelvo a acordar más. Ideal para familias, aunque nunca tienen papel higiénico en el baño. Hostelero jeta, visitante conformista y todos contentos.

Chiringuitos de paellas infames

La paella es ese tipo de comida que en ningún sitio hacen bien, pero tiene éxito en todas partes. Siguiendo la línea del chiringuito que está funcionando todo el año, está el bar costero que te pone "paellas" con todos los ingredientes importados de las antípodas, hechas en el propio chiringuito en una olla o precocinadas, con la misma receta de las paellas ultracongeladas que sirven en las franquicias de paellas del centro de Madrid, o los que se anuncian de la rama de las tortillas como “La mejor tortilla de Madrid”, tamaño para media persona, sosa y con la patata cocida, pero te la acompañan con una cañita y a tope de libertad. También sale mal.

Cuchitriles a pie de mar

Se caracterizan por tener un nombre de cantina de carretera, tipo "Casa Pachón", "Bar Vitorín", lucen un aspecto de fábrica en ruinas, huelen a matadero en su interior, pero tienen cuatro mesas de madera fuera que cumplen su función de bar de playa para que vayan las familias con su prole gritona a pasar el domingo. Son el equivalente a las cafeterías de ciudad que te ponen cafés que rondan los dos euros encima un bordillo, coincidiendo con la parada del bus, o al lado de los contenedores subterráneos de reciclaje. El antiglamour hostelero a precios altos que impide el postureo, y tampoco saben qué es tener en el baño papel higiénico.

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