Desde que se quitó todos los pelos de la lengua hace ya unos cuantos años, Miley ha sido capaz de defender causas que no eran muy populares entre sus contemporáneas: la libertad sexual, su defensa del twerking o, la más polémica, el consumo de drogas. Ella misma confesaba que no era ningún secreto las fiestas que se marcaba de adolescente, y uno de sus temas más populares de 2013 ('We Can't Stop') es precisamente un testimonio sobre su etapa más loca.

 

Mucho más tranquila en sus reivindicaciones (y no tanto en su vida personal), la cantante ha dado un paso rotundo para seguir defendiendo el consumo -moderado- de psicotrópicos: vender drogas.

A ver, que tampoco se va a esquinas oscuras por las noches ni está en una banda criminal. Lo que ha hecho es invertir en una cafetería con licencia para vender productos derivados de la marihuana, todo legal y controlado. El local se llama Lowell Cafe, está en Los Ángeles y abrirá sus puertas esta misma media noche.

Dada la temática del garito, no podía faltar el verde en su decoración (guiño-guiño), que hay que reconocer queda muy bien y se aleja muchísimo de la imagen que tenemos de los fumetas. El aforo es de 220 personas, y para que a los camareros, clientes o vecinos no se les suba el ambiente a la cabeza, cuenta con un sistema de ventilación y filtración muy moderno. Algo que seguro agradecen desde la sinagoga que ocupa la acera de enfrente. Y hablando de la decoración, piden a sus followers en Instagram imágenes famosas de gente fumando, poniendo como ejemplo a Brad Pitt en la peli 'Amor a Quemarropa'.

Miley declaró en 2017 que había dejado de consumir marihuana, lo que no significa que haya dejado de pensar en ello. De hecho, en una entrevista para Billboard explicó que el motivo para dejarlo fue una pesadilla recurrente en la que moría por estar muy fumada. De delirio a sueño feliz, el negocio ya cuenta con 32.000 seguidores en Instagram, y si alguna vez te pasas por Hollywood y quieres visitarlo, que sepas que en la carta tienen todo tipo de zumos, tés, batidos y cafés. Digamos, eso sí, que no son el plato fuerte.