MUY CURIOSO
Cuánto cobraron los "arbustos" del show de Bad Bunny en la Super Bowl y otros detalles que pasaron casi desapercibidos
El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl dejó imágenes espectaculares, pero también historias menos visibles. Entre ellas, el sueldo de los figurantes disfrazados de arbustos y la participación de la bailarina española Júlia Pericas. Dos detalles secundarios que han despertado curiosidad tras la actuación.

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El intermedio de la Super Bowl se ha convertido en uno de los escaparates musicales más influyentes del mundo, y la actuación de Bad Bunny este año volvió a demostrarlo. La puesta en escena combinó coreografías multitudinarias, referencias culturales y una estética cuidadosamente diseñada en la que incluso los elementos aparentemente decorativos tenían un papel definido.
Uno de esos elementos fueron las figuras disfrazadas de arbustos que aparecieron durante parte del espectáculo. Aunque muchos espectadores las interpretaron como simples recursos escenográficos, en realidad se trataba de figurantes contratados específicamente para la actuación. Según diversas informaciones publicadas tras el evento, estas personas cobraron en torno a varios cientos de dólares por hora —una cifra habitual en grandes producciones audiovisuales en Estados Unidos—, además de participar en ensayos previos que también se remuneraron.
La idea de las "plantas humanas" surgió dentro del equipo creativo como una forma de reforzar el concepto visual del espectáculo, que combinaba referencias a naturaleza, identidad cultural y transformación escénica. El resultado buscaba generar un efecto simbólico más que narrativo, aunque muchos espectadores solo repararon en ellas después de conocer los detalles de su participación.
Otro aspecto que pasó relativamente desapercibido fue la presencia de talento español en el escenario. La bailarina Júlia Pericas formó parte del cuerpo de baile que acompañó a Bad Bunny durante la actuación. Su trayectoria incluye su paso por el equipo de baile vinculado a Operación Triunfo 2017 y trabajos posteriores como coreógrafa para artistas internacionales como Karol G, lo que la ha consolidado como una profesional habitual en producciones de gran formato.
Su participación ha sido destacada especialmente en España, donde se ha interpretado como una muestra más de la internacionalización de bailarines y coreógrafos formados en el ámbito europeo. La propia industria del espectáculo valora cada vez más perfiles versátiles capaces de adaptarse a montajes televisivos de alta exigencia técnica.
Más allá de los titulares centrados en la música, estos detalles reflejan la complejidad logística y creativa de un show que, durante apenas unos minutos, moviliza a centenares de profesionales cuyo trabajo suele permanecer fuera del foco principal.
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