MANUFACTURAS DEL CLUB DE LA GENTE SOLA

El disco con más corazón de Arde Bogotá como cura musical contra la soledad

El grupo del momento saca su tercer trabajo, rock and roll lleno de corazón y hecho de forma humana en tiempos en lo que todo es digital o artificial. Los de Cartagena sacan con Manufacturas del club de la gente sola un disco profundo, alejado de hits fáciles y con un sonido más maduro.

Arde Bogotá

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Existe un mantra en el mundo de la música que señala el tercer disco en la carrera de un artista como el más importante: ese que marca la diferencia entre la consolidación definitiva o el desinfle. Esto se hace especialmente palpable cuando se trata de un grupo exitoso, con todos los focos apuntándole y una presión que pocos proyectos logran soportar.

Arde Bogotá lleva años subiendo como la espuma. Quienes los siguen desde aquel concierto en el Big Up de Murcia en 2019, o en mi caso desde que metí su primer single, "Antiaéreo", en mi lista de indie español, hemos visto cómo pasaron de las salas pequeñas a coronar festivales y actuar en celebraciones masivas. Tras el arrollador impacto de Cowboys de la A3 (2023) y la monumental suite rock de La torre Picasso en 2024, el listón estaba en lo más alto. Ahora ve la luz su tercer disco de estudio: Manufacturas del Club de la Gente Sola.

Este es un trabajo cocinado a fuego lento, bien engranado y hecho sin prisas. Es un ejercicio de artesanía frente a la inmediatez artificial de la era digital. Para darle forma, estos cuatro amigos de Cartagena —Antonio, Dani, Pepe y Jota— se encerraron durante dos meses en Los Ángeles con el productor Joe Chiccarelli (que ha trabajado con leyendas Frank Zappa, U2, The Strokes o The White Stripes).

He podido escuchar el álbum entero varias veces antes de su lanzamiento, devorándolo mientras preparaba una entrevista con ellos. Desde el reposo que da la distancia, puedo decir que es un disco valiente, que a mí personalmente me ha fascinado, pero entiendo perfectamente que a una parte de su público le cueste digerirlo de primeras.

Estamos ante el trabajo más maduro de su carrera. Sonoramente es más denso y letrísticamente es mucho más complejo, lo que explica que no dependa de hits inmediatos o estribillos instantáneos como "Los Perros", "Qué vida tan dura" o "La Salvación". Es un disco que exige escuchas activas para que las canciones se te vayan agarrando por dentro. Destacan el cañonazo rítmico de "Instrucciones", la distorsión asfixiante de "Antifiesta", la vulnerabilidad acústica y honda de "Asidero", o la intensidad creciente de "Olivos".

Es un disco de una manufactura impecable, desde la producción a la excelente promoción y arte que lo rodea, pasando por el concepto que lo atraviesa. El grupo quería construir un corazón que no sintiera nada frente a todo lo que nos hace daño en este mundo, y terminó haciendo un disco lleno de corazón que reflexiona sobre las soledades de este mundo cada vez más raro.

A los que no vean un gran éxito en el disco o un single coreable, les invito a quedarse y darle a este trabajo las escuchas que merece, porque tiene una profundidad que hará que poco a poco se vaya haciendo más grande. Un disco ambicioso y arriesgado que hará que su carrera se asiente para que dure mucho tiempo.

“No hay dolor, es pasajero”. Los que hemos tenido la suerte de seguir al grupo desde el día uno nos agarramos a este disco como a un asidero de vidrio del bueno.

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