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Barra libre en el Prado

Todos los secretos de la cena de la OTAN en el Prado: la mesa de los dulces se llamaba 'El jardín de las delicias', había Petazetas, Miguelitos de la Roda y el chef José Andrés partiendo tarta Comtessa.

El primer ministro italiano, Mario Draghi, habla por teléfono a su llegada al Museo del Prado

El primer ministro italiano, Mario Draghi, habla por teléfono a su llegada al Museo del Prado EFE/Ballesteros

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Esta semana se celebra la cumbre de la OTAN, en Madrid lo que ya da una idea de la decadencia de la institución. Todos los analistas califican esta cumbre de histórica porque va a marcar el nuevo orden mundial multipolar con Estados Unidos liderando una parte del mundo, y Corea del Norte la otra. El momento álgido hasta ahora ha sido la cena en el Museo del Prado organizada por Pedro Sánchez, en la que los invitados se sentaban por mesas temáticas como en las bodas.

Viktor Orban y Erdogan por ejemplo iban en Las Meninas con el presidente de Luxemburgo y su esposo. Como cuando te invita un colega del pádel que se casa y te sienta con unos primos que vienen de Zamora. A la mesa de los dulces la llamaron 'El jardín de las delicias', había nubes, Petazetas, Miguelitos de la Roda y estaba el chef José Andres partiendo tarta Comtessa. José Andres se encargó del menú de la noche en el que destacaba la ensaladilla rusa, un plato ideal para la ocasión.

A la barra de los cubalibres la colocaron debajo de El Greco y te hacía volver a casa como Las Grecas. Boris Johnson fue el primero en levantarse a por un pelotazo a la barra libre pronunciando en un casi perfecto español "Jefe, llénalo como si fuese para ti". Macron ejerció de cuñado cuando agarró a Justin Trudeau de camino a la barra y dijo "Hoy pago yo las copas".

Los hermanos Muñoz de Estopa salieron al escenario a amenizar una barra libre en la que los políticos charlaron y limaron asperezas. Biden le preguntó a José Andrés si había estado alguna vez en España y si había venido expresamente desde México. Los europeos convencieron a Erdogan de que quitase el veto a Suecia y Finlandia a cambio de que ellos le quitaran el bloqueo y Turquía pudiese importar Jokkmokk del Ikea.

Pedro Sánchez lució en un discurso su First Certificate recitando el reading que había ensayado con Begoña y más tarde se vino arriba cuando le aconsejó a Boris Johnson que no se fuese de Madrid sin probar el agua, a lo que el primer ministro contestó que no había probado ni la de Londres. Ahí acabó una noche histórica que marcará el nuevo tablero del mundo, con un kebab de camino al hotel.

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