CRÓNICA

Biffy Clyro incendia las Noches del Botánico con sus himnos de rock alternativo

La banda escocesa liderada por Simon Neil dio un conciertazo en el que concentraron parte de lo mejor de su carrera en 19 canción y hora y media de descargas guitarras, melodías pegadizas y momentos coreables.

Biffy Clyro incendia las Noches del Botánico

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No hay verano sin pasar al menos una vez por las Noches del Botánico, en mi opinión el mejor lugar para disfrutar de un concierto de todo Madrid. Un verano lleno de festivales y más ajetreado de lo habitual me había impedido ir todavía, pero el concierto de Biffy Clyro no quería perdérmelo.

Esta era la segunda vez que veía a la banda escocesa desde que los descubrí en la primera edición del Mad Cool. Diez años y tres discos después, el grupo sigue con la misma potencia y energía, pero algunas cosas han cambiado.

Recientemente el bajista, James Johnston, tuvo que alejarse temporalmente de los escenarios por problemas de adicción para rehabilitarse. En esta ocasión el grupo en directo, además de Neil Simon y el batería Ben Johnston, lo formaban Mike Vennart a la guitarra, Richard Ingram al piano, Naomi Macleod al bajo y dos violinistas.

Todo diseñado para dar más empaque a unas canciones que no lo necesitan y que brillan por sí solas con la fuerza endiablada de las guitarras, el poder de la batería y el fuego intenso del bajo. Un concierto de noventa minutos —que podría haber durado más terminando más tarde o empezando antes— en el que todavía no entiendo cómo la gente que estaba en la grada pudo quedarse sentada.

Nosotros, que teníamos asiento de prensa, no lo usamos y, evidentemente, preferimos verlo entre el público saltando, coreando, gritando y emocionándonos con cada canción. Desde el comienzo con The Captain y That Golden Rule, de su obra maestra Only Revolutions, a clásicos como Living Is a Problem Because Everything Dies o Space.

Un concierto en el que lo que más destaca es la presencia de Neil Simon, su habilidad como guitarrista, su intensidad (si es la palabra que más me sale al hablar de Biffy Clyro) y las virguerias que consigue hacer con su instrumento a la vez que canta.

La traca final fue incontestable con Black Chandelier y Mountains, enloqueciendo al público antes de un bis más loco y cargado de himnos todavía. Primero la lenta y tierna Machines, después la poderosa Wolves Of Winter, más tarde la explosión total con Bubbles y, por último, el público entero coreando y cantando Many Of Horror.

No tocaron ninguno de sus tres primeros discos, todavía más guitarreros y punkis, pero con 10 discos y 25 años de carrera tendrían para hacer shows de tres horas si quisieran al estilo The Cure, aunque dudo que con la velocidad, potencia e intensidad de su música tal hazaña sea posible sin que desfallezcan sobre el escenario. Siempre es un placer ver a los Biffy fucking Clyro.

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