SOUND ISIDRO

Black Country New Road triunfan en la Riviera con su original explosión música progresiva, chamber pop y art rock

Uno de los grupos más originales y alabados por la crítica en la salir de la música británica en los últimos años dio un concierto excepcional en La Riviera de Madrid dentro del ciclo Sound Isidro. La sala estaba llena, Tyler, Georgia y May cantaron como los ángeles y el concierto de apenas 80 minutos raspados se hizo corto.

Black Country New Road en La Riviera

Black Country New Road en La RivieraFlooxer Now

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En tiempos de festivales masivos y conciertos en estadios, todavía sobrevive, a pesar de todo, ese circuito de salas donde las bandas de verdad florecen, crecen y triunfan. En Madrid, el ciclo Sound Isidro sigue siendo uno de los grandes salvavidas de este formato, programando citas tan estimulantes como el concierto de Black Country, New Road en La Riviera. Llegaba a la sala conociendo al grupo por su último trabajo —de hecho, su tema "Besties" terminó en mi lista de las 50 mejores canciones de 2025—, pero sin haber profundizado en exceso en el resto de su discografía. Era, por lo tanto, una noche para descubrir, dejarse sorprender y, si había suerte, enamorarse.

Desde el magnético inicio de Strangers, el juego de voces entre Georgia Ellery, Tyler Hyde y May Kershaw me conquistó por completo. Me encontré de frente con un directo exigente, diferente y maravilloso. Se agradece enormemente topar de bruces con una propuesta musical tan valiente, donde las canciones largas, complejas y ornamentadas viajan con absoluta naturalidad entre el folk, el rock progresivo, el art rock y el chamber pop. Es un auténtico lujo ver desplegado sobre el escenario un arsenal de armonías, teclados, flautas, violines, mandolinas y saxofones al servicio de la pura emoción, sin trampa ni cartón.

El concierto, que se alargó hasta los 80 minutos, estuvo centrado casi exclusivamente en su último disco, Forever Howlong, desgranado sin seguir el orden oficial del álbum. De hecho, la única nota discordante —pero celebradísima— en el repertorio fue la versión que se marcaron de la icónica Ballad Of El Goodo de Big Star. Es algo poco común ver una sala llena con un público entregado a una banda actual que defiende su presente, entregándose a sus composiciones más recientes sin la obligación de recurrir a las grandes canciones de sus anteriores dos discos.

Reconozco que las tres primeras canciones me dejaron alucinando, aunque un poco frío; necesitaba mi tiempo para entrar de lleno en el universo del grupo y entender su genialidad. Todo empezó a cobrar un sentido mágico con Salem Sisters, interpretada por Tyler Hyde, y con la melancólica Two Horses, que tomó forma en la tierna voz de Georgia. A partir de ahí, el concierto, la intensidad y la emoción fueron creciendo. Y entonces llegó For the Cold Country donde las voces volvieron a entrelazarse en uno de los momentos que más enamoró. Nos quedamos flotando, suspendidos, sin que nadie se atreviese a romper el hechizo.

En el tramo final, Forever Howlong nos envolvió por completo para desnudarnos con la voz de Georgia. Hubo espacio también para la conciencia social con un emotivo deseo de paz y cánticos a favor de Palestina iniciados por la banda, un recordatorio necesario de que la música también debe ser un refugio para la realidad. La catarsis final llegó con Goodbye (Don’t Tell Me)" y un Happy Birthday que cerró la noche con una energía que llego hasta la última fila desatando una de las multiples ovaciónes. Una comunión perfecta que dejó en el público la maravillosa sensación de que lo mejor de esta original banda de Cambridge siempre nos sabrá a poco.

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