You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love

El viaje hacia las zonas grises del amor: Olivia Rodrigo desnuda su proceso más maduro en Apple Music

En una íntima charla con Zane Lowe, la artista repasa las claves de su nuevo trabajo, la soledad de su infancia, su química de estudio con Dan Nigro y cómo Robert Smith se convirtió en el amuleto de su carrera.

Olivia Rodrigo

Olivia Rodrigo Apple Music / Zane Lowe

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A sus 23 años, Olivia Rodrigo ya no ve el mundo en blanco y negro. La artista que canalizó el desamor adolescente en un fenómeno global con SOUR regresa con una perspectiva notablemente más madura, dispuesta a habitar los matices y las contradicciones del éxito y las relaciones. En una entrevista exclusiva con Zane Lowe para Apple Music, Rodrigo ha desgranado los pilares emocionales y sonoros de su próximo universo musical, un proyecto atravesado por la esperanza, la madurez y la complicidad de su núcleo más cercano.

La música como refugio de una infancia solitaria

Al mirar atrás, la intérprete de "drivers license" reconoce que su fuerte vínculo con la música nació de la introspección obligada. "Pasé gran parte de mi infancia sola. Estudiaba en casa, soy hija única y además era actriz infantil", confiesa Rodrigo, asumiendo el matiz melancólico de esa etapa pero reivindicándolo como su motor creativo: "En esos momentos tranquilos y solitarios, la música se convierte en tu refugio".

Esa sensibilidad la heredó de unos padres "profundamente melómanos" con los que comparte conciertos y lágrimas, como el reciente show de The Cure donde terminó abrazada a su padre cantando "Pictures of You". De ahí que su nuevo material se mueva en terrenos más sutiles, inspirados en el new wave en lugar del punk explosivo que muchos esperaban. Un claro ejemplo es "maggots for brains", un corte que define como "revelador" por su sonido suave y contenido.

El reto de cantarle al amor real y "con algo que perder"

Uno de los mayores desafíos para Rodrigo en este álbum ha sido escribir sobre la estabilidad emocional. "He escrito canciones de amor antes, pero me parecen un poco juveniles. Quería escribir una canción que capturara ese amor más maduro y lleno de matices que estaba viviendo", explica al hablar de "honeybee", la composición más antigua del disco.

Para la artista, este nuevo enfoque da vértigo. Inspirada por la vulnerabilidad de letras como "Lovesong" de The Cure o "First Day of My Life" de Bright Eyes, Rodrigo explora el miedo a la pérdida:

"Cuando estás con alguien a quien amas profundamente, también es lo más aterrador del mundo. Pensar: 'Lo tengo ahora mismo. Espero que no desaparezca'. Eso da mucho más miedo que haber perdido algo y querer recuperarlo".

Esta complejidad se materializó tras una reveladora charla con una amiga en la que, estando en una relación feliz, se preguntó por qué se sentía deprimida. De ese conflicto nació "the cure", el núcleo emocional del álbum. "Jamás habría podido escribirla en la época de GUTS ni de SOUR. Necesitaba más experiencia de vida y una introspección que mi versión de 17 años no tenía", admite.

El "jet lag" creativo y la electricidad del estudio

El proceso de creación del disco ha dejado anécdotas marcadas por el insomnio y la inmediatez. Temas como "begged" y "stupid song" nacieron a las cuatro de la mañana en habitaciones de hotel o caminatas solitarias por Nueva York debido al jet lag. "Hay algo hermoso en sentirte sola en el mundo mientras todos los demás duermen. Es un terreno perfecto para plantar las semillas de una canción", relata Rodrigo.

En el estudio, su mano derecha ha vuelto a ser Dan Nigro, a quien ya considera prácticamente parte de su familia. Esa confianza ciega permitió que, a solo una semana de entregar los masters para la edición en vinilo, surgiera "cigarette smoke", la pista que cierra el álbum de forma oscura a partir de un poema que Olivia guardaba en su teléfono. "Sentí una electricidad extraña en la habitación. Entre tú y la persona con la que escribes, o con algo más grande, llámalo inspiración o divinidad".

Glastonbury y el peso de la fama

Al echar la vista atrás hacia su explosión mediática a los 18 años, Rodrigo la define como un "bautismo de fuego", pero asegura no sentir la presión de tener que superar sus anteriores hitos comerciales. "Gracias a eso, hoy no tengo que hacer nada que no quiera hacer. Puedo hacer música simplemente porque amo hacer música", afirma con rotundidad.

Esa libertad se tradujo en su reciente y multitudinario concierto en el Festival de Glastonbury. A pesar de los nervios iniciales de su equipo porque el recinto parecía vacío minutos antes de arrancar, la audiencia terminó desbordando el escenario principal. Una experiencia consagratoria que culminó con uno de sus grandes ídolos como invitado: "Poder hacerlo rodeada de personas que amo y junto a Robert Smith fue algo indescriptible".

Si tuviera que resumir el espíritu de todo este nuevo trabajo en una sola frase, Rodrigo lo tiene claro: "here’s to hoping" ("brindemos por la esperanza"). Una declaración de intenciones para un álbum que, entre zonas grises, luces y sombras, busca abrazar las dos caras de la misma moneda.

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