@HEMATOCRITICO

Echo de menos al viejo Kanye

Las reflexiones de un verdadero fan de Kanye West sobre sus recientes polémicas.

Kanye West

Kanye West EFE

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I MISS THE OLD KANYE, dice una de las canciones de su álbum The Life of Pablo. Una pequeña pieza muy simpática en la que pone voz a las críticas que recibía en ese momento, el año 2016, de la gente que protestaba porque había cambiado. Sus fans del principio echaban de menos al Kanye fresco y original que había arrasado con una colección de discos imbatible. El increíble debut The college dropout fue seguido por el maravillo Late registration, el superpelotazo Graduation y el revolucionario Heartbreaks & 808’s. Y eso fue sólo el prólogo. En el 2010 entregó el que para casi todos es su mejor trabajo, My beautiful dark twisted fantasy. Una obra maestra de principio a fin que rindió a la crítica de todo el planeta y dio paso a Yeezus, el otro disco que se debate en el trono para sus fans. Seis discos como seis soles, seis pepinazos que forjaron su leyenda y su legado como artista número uno de su generación.

Y luego Kanye decidió que quería probar otras cosas y se alió con Adidas y lo petó en el mundo de la ropa deportiva. Parecía que el hombre no iba a tener techo, pero lo tenía. Y se dio con él a lo bestia.

Tonteos con Donald Trump, declaraciones raras fuera de lugar, momentos verdaderamente perturbadores en los que demostraba conductas verdaderamente peligrosas tras su divorcio con la madre de sus hijos Kim Kardashian, parecía que Kanye disfrutaba jugando con el lado oscuro.

Y de repente, ese lado pareció engullirlo. Con un aspecto verdaderamente lamentable, descuidado e incluso sucio, las últimas semanas empezó a mostrar una obsesión antisemita francamente repugnante. Declaraciones racistas y llenas de odio que le pusieron en el punto de mira y causaron aplausos de grupos de nazis y el asco general de la gente NO NAZI.

Despidos fulminantes de Adidas, Balenciaga, su abogada, su agencia de representantes, el equipo que estaba rodando un documental sobre él. Incluso se debate ahora sobre si su música, su increíble legado, debe seguir siendo accesible en las plataformas de streaming (lo que me parece que solo planteárselo es una aberración).

Ver a un ídolo mío en este estado me rompe el corazón.

Pero recuerdo que en la entrevista que le hizo Letterman en Netflix hablaba de su enfermedad mental. Hablaba de cómo cuando no se medicaba su bipolaridad le atormentaba y le hundía.

En su disco Ye de 2016, el que sacó cuando anunció su cambio de nombre, escribió de su puño y letra en la portada “Odio ser bipolar. Es genial”.

No podemos quitar eso de la ecuación. Lo que está haciendo es inexcusable, pero Kanye es un enfermo mental. Necesita ayuda y necesita médicos. Me da muchísima pena ver a alguien al que admiro tanto convertido en meme y en un juguete de la extrema derecha. Espero que las cosas pronto cambien para él y regrese el que es el músico más fascinante del Siglo XXI.

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