MÚSICA ELECTRÓNICA

WOS Festival: Santiago como escenario de la vanguardia musical internacional

Aunque el WOS nació inicialmente con otra orientación musical, Arias decidió llevarlo en 2016 hacia la electrónica de vanguardia

El ingeniero de audio, productor y DJ Juait

El ingeniero de audio, productor y DJ Juait Agencia EFE

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El festival de música electrónica WOS convierte cada año a Santiago en un gran escenario y en su IX edición se reivindica como un proyecto "de nicho", "con vocación internacional", integrando desde la periferia salas de conciertos, teatros, iglesias, parques y otros espacios para conformar una experiencia cultural "única".

El director de WOS, Iván Arias, explica que la elección de Santiago no fue casual. La idea surgió hace más de una década, a partir de una experiencia de incubadora cultural inspirada en Nueva York y de la convicción de que Galicia necesitaba "proyectos capaces de relacionar a sus agentes culturales con el exterior".

"Llevo años pensando que Santiago era una de las ciudades idóneas para hacer un festival multiespacio", señala Arias, que destaca la alta concentración de lugares patrimoniales con características muy diferentes a pocos minutos andando.

Aunque el WOS nació inicialmente con otra orientación musical, Arias decidió llevarlo en 2016 hacia la electrónica de vanguardia y otras propuestas situadas "en los márgenes" de sus respectivos estilos.

El cambio "supuso perder parte del público que había acompañado al festival en sus primeros años, pero también permitió construir una identidad mucho más específica", explica el director.

Festival "boutique"

Esa especialización, lejos de ser una debilidad, se ha convertido en una de sus principales fortalezas. WOS compite en un circuito internacional de festivales especializados y atrae a un público que viaja expresamente a Santiago por su programación vanguardista.

Según Arias, los visitantes que llegan de fuera de Galicia (más del 50 %) pueden gastar entre 1.000 y 1.500 euros durante su estancia en la ciudad, entre desplazamiento, alojamiento, restauración y el propio festival.

"Al final WOS es una experiencia, es un global. La gente no viene a ver a un artista concreto, sino a disfrutar de un fin de semana muy diferente, descubrir la ciudad y sus espacios, la gastronomía y, por supuesto, la música", asegura.

Dentro de su categoría, el WOS juega en una liga pequeña pero cada vez más reconocida por su propuesta curatorial "cuidada" y la expresa atención a la experiencia entre el público.

"Estamos muy bien posicionados ahora mismo. Somos un festival importante y aunque no pensamos nunca llegar a donde hemos llegado, lo cierto es que ahora algunos artistas nos llaman para presentar sus trabajos en Santiago; cuando antes lo hacían en el Sónar de Barcelona", afirma Arias.

El festival ha recibido varios reconocimientos, entre ellos el premio al Mejor Festival Indoor de Europa en los European Festival Awards de 2018 y el de Mejor Promoción Turística en los Iberian Festival Awards del mismo año. Posteriormente, fue distinguido como Mejor Festival Indoor Nacional en los Iberian Festival Awards por su edición de 2022.

Una comunidad internacional

El público del WOS es "exigente, de nicho" y acude también a festivales internacionales como Rewire, en La Haya; MUTEK, en Montreal; Unsound, en Cracovia, o CTM y Atonal, en Berlín.

"Es un público que hace seis o siete festivales internacionales al año, que genera comunidad", asegura su director.

Pero el WOS no pretende construir esa comunidad al margen de Santiago. Su apuesta pasa también por relacionarse con los agentes culturales que ya existen en la ciudad, con una programación extendida que implica a la Cooperativa Numax o El Muelle 1931 Shop, una tienda de discos especializada ubicada en el barrio de San Pedro.

El Muelle organiza este año, de forma paralela y gratuita, tres jornadas de escucha compartida y cultura del disco con hasta 15 DJs, selectores y coleccionistas de la escena gallega, entre ellos Juait, Russ, Rea, You_el, Fatfish, BFlecha & Mwëslee, Elvira Santos, Elektrógena, Wil, Mahía o Chago.

La iniciativa busca convertir temporalmente la tienda en un punto de encuentro entre artistas, público y coleccionistas y reivindicar el disco como espacio para descubrir, seleccionar e intercambiar música.

"En definitiva, se trata de crear una experiencia que va creciendo durante el día: comenzar en un parque con una pinchada, pasar después a un teatro, una iglesia o una sala para una propuesta más concreta o experimental, con 'visuals', y acabar la noche con una oferta más ligada al club, a la fiesta", resume Arias.

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