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El fenómeno de las situationships: el motivo por el que huimos de las etiquetas en pareja

Las relaciones sentimentales han mutado de forma drástica en los últimos años, dando paso a vínculos que se sitúan en un limbo entre la amistad y el noviazgo tradicional. Estos compromisos sin nombre, conocidos como situationships, reflejan una sociedad que valora la libertad individual pero que a menudo termina atrapada en la ambigüedad emocional.

Imagen de los pies de una pareja

Imagen de los pies de una parejaPixabay

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El término situationship define una relación que carece de una definición clara y de un compromiso a largo plazo. A diferencia de una relación de pareja convencional, aquí no existen planes de futuro compartidos, ni presentaciones familiares, ni una exclusividad pactada formalmente. Es una conexión basada en el presente y en la conveniencia mutua, facilitada por la cultura de la inmediatez que impera en las aplicaciones de citas.

Para muchos jóvenes, este formato parece la solución ideal para evitar la vulnerabilidad que conlleva una relación seria. En un entorno laboral y social altamente competitivo, donde la movilidad y el éxito personal son prioritarios, una relación sin etiquetas ofrece compañía y afecto sin las responsabilidades que tradicionalmente se asocian al amor romántico. Se busca la gratificación de la intimidad pero se teme la pérdida de autonomía o el dolor de una ruptura formal.

Sin embargo, esta falta de estructura suele generar un desequilibrio emocional a medio plazo. Al no existir reglas claras, es común que una de las dos partes desarrolle expectativas que la otra no está dispuesta a cumplir. La incertidumbre constante sobre "qué somos" impide que los involucrados se sientan seguros, lo que a menudo deriva en episodios de ansiedad o en una comunicación deficiente por miedo a romper el frágil equilibrio de la situación.

Los psicólogos advierten que, aunque la libertad es positiva, la honestidad es fundamental para que estos vínculos no resulten dañinos. Las situationships funcionan mientras ambos mantengan los mismos objetivos, pero se vuelven problemáticas cuando se utilizan como un escudo para evitar la responsabilidad afectiva. Al final, la ausencia de etiquetas no elimina las emociones, y gestionar el afecto sin un marco de referencia requiere una madurez que no siempre se tiene en el momento de iniciar estos encuentros.

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