HISTÓRICO

¿El fin de la "dictadura" de Ticketmaster? Live Nation acepta un acuerdo histórico para evitar su desmantelamiento

Tras años de polémicas, precios inflados y el caos de las entradas de Taylor Swift, el gigante del entretenimiento pacta con la justicia de EE.UU. ¿Qué significa esto para los conciertos del futuro y por qué es sólo una "victoria a medias"?

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¿Alguna vez has intentado comprar entradas para un concierto en Ticketmaster y te han cobrado gastos de gestión que disparaban el precio final? ¿Te ha saltado una noticia del juicio contra Live Nation y no terminas de entender quiénes son o qué se traen entre manos? Muchos habréis visto titulares sobre un proceso judicial gigante en Estados Unidos contra los dueños de Ticketmaster, pero es importante entender qué ha pasado realmente, cómo te afecta a la hora de comprar una entrada y por qué este movimiento podría cambiar las reglas del juego también en España.

Todo empezó hace unos años cuando Taylor Swift sacaba a la venta las entradas de la gira más exitosa de todos los tiempos, The Eras Tour. El caos con la venta fue de tal magnitud que las swifties, probablemente el grupo de fans más poderoso y numeroso del mundo, montaron tal lío que todo ha terminado derivando en numerosos debates públicos, un juicio gigantesco y un acuerdo histórico que marca un antes y un después en la industria.

Lo primero que debes saber es que el Departamento de Justicia de Estados Unidos demandó a Live Nation Entertainment por monopolio. Esta es la empresa que se fusionó con Ticketmaster en 2010 y, aunque no solemos profundizar en ello, cabe recordar que Universal Music, la discográfica número uno del mundo, es uno de sus principales accionistas. Básicamente, se les acusaba de controlar todo el proceso: ellos organizan la gira, ellos son los dueños del recinto y ellos mismos venden la entrada. Si un estadio no aceptaba usar Ticketmaster, se arriesgaba directamente a no recibir los conciertos de los artistas que gestiona Live Nation.

Este juicio es una consecuencia directa de las reivindicaciones de los fans de Taylor Swift y supone uno de los momentos clave de toda la problemática que rodea a los directos últimamente, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. La música en vivo ha cambiado radicalmente en los últimos años y no necesariamente para bien. A principios de los 2000, una banda anunciaba un concierto, te acercabas a tu tienda de discos, pagabas un precio razonable y no tenías mayores complicaciones. Hoy, en cambio, te enfrentas a preventas exclusivas, colas de espera interminables, precios dinámicos que fluctúan y gastos de gestión abusivos para, con suerte, pagar un mínimo de 100 euros por ver a artistas como Bad Bunny o Rosalía.

El juicio pedía originalmente desmantelar la empresa, obligando a Live Nation a vender Ticketmaster para que volvieran a ser compañías separadas y fomentar así la competencia. Sin embargo, justo una semana después de arrancar el proceso, han llegado a un acuerdo en el que la compañía ha cedido en varios puntos, aunque quizá no tanto como deberían. Este pacto demuestra que en Live Nation eran conscientes de que muchas de sus prácticas eran abusivas y que les convenía ceder terreno antes de enfrentarse a un juicio que probablemente iban a perder y que dañaría su imagen de forma irreversible.

¿Qué implica este acuerdo?

En virtud de lo pactado, Live Nation creará un fondo de conciliación de 280 millones de dólares destinado a los estados que participaron en la demanda. Además, Ticketmaster deberá abrir partes de su plataforma tecnológica a empresas de venta de entradas rivales para romper su control absoluto. El acuerdo también exigirá a la compañía que se deshaga de los contratos de reserva exclusivos que mantiene con 13 grandes anfiteatros en EE. UU. y, lo que es más importante para el usuario, que limite las comisiones por servicio a un máximo del 15% del precio de la entrada. Esto es relevante si tenemos en cuenta que, según se declaró en el juicio, Ticketmaster se queda actualmente con un promedio de 7,58 dólares por cada ticket en grandes salas, un margen que los fiscales consideran que perjudica gravemente a artistas y aficionados.

¿Cómo nos afecta esto en España?

Aunque el acuerdo se ha firmado en suelo estadounidense, el impacto es global por dos motivos principales. El primero es el precedente legal: cuando el mercado más grande del mundo pone límites a un gigante, los reguladores de otras regiones, como la Unión Europea, suelen tomar nota y aplicar medidas similares. Si allí se demuestra que limitar las comisiones al 15% es viable, las asociaciones de consumidores en España tendrán un argumento real para exigir lo mismo. El segundo motivo es que Live Nation y Ticketmaster operan de forma casi idéntica aquí, por lo que si la tecnología se abre a la competencia en EE. UU., es muy probable que esa integración técnica termine llegando tarde o temprano a nuestro mercado.

¿Nuevo juicio a la vista?

Tras el anuncio, Live Nation se mostró satisfecha con la resolución a través de su presidente Michael Rapino, quien declaró que este es un paso importante para mejorar la experiencia de los conciertos y devolver el poder a los artistas y a los fans al abaratar los costes. Sin embargo, la historia podría no acabar aquí. La demanda original incluye a fiscales generales de 30 estados y un grupo importante de ellos ya ha declarado que se niega a aceptar estos términos. Argumentan que el pacto no soluciona el dominio real de Live Nation sobre la industria ni va a provocar un descenso de los precios de las entradas y ya han sugerido que podrían iniciar un nuevo proceso judicial para buscar medidas mucho más contundentes.

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