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La neurociencia de la procrastinación: por qué dejamos para mañana lo que debemos hacer hoy

Casi todo el mundo ha sentido alguna vez la necesidad irreprimible de limpiar la casa o mirar las redes sociales justo cuando tiene una entrega importante. Lejos de ser un simple problema de pereza, la procrastinación es un conflicto emocional entre dos áreas muy distintas de nuestro cerebro.

Persona tumbada en un sofá

Persona tumbada en un sofáPexels

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La procrastinación se define como la acción de retrasar voluntariamente una tarea a pesar de saber que esa demora tendrá consecuencias negativas. A menudo nos castigamos pensando que nos falta disciplina o fuerza de voluntad, pero los neurólogos han descubierto que se trata de una lucha biológica interna. El sistema límbico, una de las partes más antiguas del cerebro, busca la gratificación instantánea y el placer inmediato.

Frente a este sistema se encuentra la corteza prefrontal, la parte más evolucionada y encargada de la planificación a largo plazo y la toma de decisiones lógicas. Cuando nos enfrentamos a una tarea que nos genera estrés, miedo al fracaso o aburrimiento, el sistema límbico intenta protegernos de ese malestar "huyendo" hacia una actividad que nos proporcione dopamina rápida, como ver vídeos de gatitos o revisar el correo.

No es que no queramos hacer el trabajo, es que nuestro cerebro detecta la tarea como una amenaza a nuestro bienestar emocional inmediato. La procrastinación es, por tanto, una estrategia de afrontamiento poco eficaz para gestionar estados de ánimo negativos. Preferimos el alivio momentáneo de ignorar el problema, aunque sepamos que la ansiedad aumentará exponencialmente a medida que se acerque la fecha límite.

Para combatir este mecanismo, los expertos sugieren técnicas que reduzcan la fricción emocional de empezar. Dividir una tarea enorme en micro-pasos de apenas cinco minutos engaña al sistema límbico, ya que la meta parece mucho menos amenazante. Al final, el secreto no reside en gestionar mejor el tiempo, sino en aprender a gestionar las emociones que nos despiertan nuestras obligaciones diarias.

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